Opinión

Balances y deseos
29/12/16 · Julia López

En la última columna del año toca mirar hacia atrás y ver lo que nos ha dejado este 2016 que para algunos habrá sido menos ingrato que para otros. Dejando de lado lo más cercano, el mundo del deporte ha estado íntimamente ligado este año al olimpismo, como cada cuatro años. ¡Qué alegría que cada cuatro años podamos “empacharnos” durante quince días de deporte! Sentada frente al papel en blanco y pensando en ese balance me he acordado de las alegrías que nos pueden dar personas que no conocemos de nada pero con los que parece que damos brazadas, golpeamos la raqueta o saltamos para superar marcas que permitan subir al pódium.

2016 pasará a la historia como el año donde el deporte olímpico fue justo con Ruth Beitia, que vio como todo un país saltó con ella a deshora. Las lágrimas de la veterana atleta fueron compartidas por miles de españoles que antes habían nadado con Mireia Belmonte, se toparon por casualidad con Maialen Chourraut y volvieron a tener constancia de que a Rafa Nadal se le puede exigir cualquier cosa menos entrega. El baloncesto, el masculino y el femenino, tocó medalla con el destacado mérito de las pupilas de Lucas Mondelo. Nunca olvidaremos el minuto de infarto de ellos para ganar a Australia y seguir sumando éxitos, al igual que en la retina del 2016 quedará la canasta de Anna Cruz ante Turquía y que daba el pasaporte a ellas para la lucha de las medallas.

Entre medias de todo eso quedan momentos mágicos como los vividos con el piragüismo, la halterofilia, el bádminton de Carolina Marín o la magnífica plata de la cordobesa Lourdes Mohedano, bordando cada ejercicio. Diecisiete medallas que son producto de otras tantas historias de superación y esfuerzo contextualizadas en el mejor marco posible para cualquier deportista, el de unos Juegos Olímpicos.

2017 no llegará con esa cita porque habrá que esperar otro ciclo para volver a estar pegados a la televisión, pero el nuevo año llega también con muchos retos deportivos con los que vibraremos. Mientras esperamos que el Córdoba vuelva a ser de Primera y siga su idilio con la Copa del Rey, el baloncesto en la capital también pide protagonismo con el Yosiquesé queriendo recuperar esa afición al deporte de la canasta.

Los balances se entremezclan con los deseos durante estos días llenos de tópicos a los que hay que sobrevivir, aunque ahí va el mío. Espero poder contar que el 2017 fue el año de la vuelta del Pozoblanco a Tercera División y escribir sobre un ascenso después de aglutinar ya unos cuantos descensos. Pero si no es posible, me quedo con seguir disfrutando de algo que puede ser tan mágico y protagonista de tantas alegrías colectivas como el deporte.

 

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