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Toros
Faena grandiosa del torero de El Arrecife a "Laborador", para el que el público pidió insistentemente el perdón | Morante y Talavante cortaron una oreja en una tarde que estuvo eclipsada por la actuación del Fino
Finito de Córdoba da un pase de muleta a Laborador
J. L. Pineda
30/05/15 23:16

Finito y el indulto que no fue

Un día alguien leerá en los libros de historia del toreo que el VI Califa de Córdoba, después de veinticuatro años de matador de toros, cuando ya pareciera que nada le quedaba por hacer en ésta, su tan ingrata a veces tierra, estuvo toreando un toro hasta el anochecer y sumió en sueño a todos los que lo presenciaban. En esos libros aparecerá también como anécdota, sin figurar siquiera el nombre, porque no son nombrados los personajes que entorpecen los sentimientos, un presidente que quiso maquillar la decencia que había perdido por la mañana, y, mostrando un desconocimiento supino del reglamento, no concedió el indulto a un animal que había ayudado a elaborar la mayor obra de arte que probablemente ese hombre haya visto nunca. Pero no hablemos de eso, que en caliente hiere, lo que con el paso del tiempo no será sino un feo recuerdo en la conciencia. Mejor hablemos de toros, hablemos de arte, de ese momento mágico que tan pocas veces sucede y que por sí solo valdría para curar todos los males de esta maltrecha Fiesta. El toreo no son números, es emoción.

Finito entendió a "Laborador" desde el inicio, vio a la verónica la calidad de su pitón izquierdo y ahí lo esperó. Cuando cogió la muleta y se fue a los medios nadie era todavía consciente de que iba a escribirse un hito en la historia del toreo cordobés. Sobre la derecha afianzó la embestida del Cuvillo y cuando cambió la mano, cuando el de El Arrecife se dirigió a él con el tergal en la zurda, y empezó a torear despacio, la muleta apenas sostenida por las yemas de los dedos, deslizándola abajo, donde podían verse los granos de albero moverse a su compás, la plaza enloqueció. En ese momento se acaban las crónicas, las palabras no alcanzan, nadie puede explicar el sentimiento, nadie puede contar el toreo cuando se ejecuta con tanta verdad.

El arte lo pueso el de la tierra, las orejas para el dúo que completó la terna

El Fino de Córdoba emborrachó a la concurrencia de ese toreo que detiene el tiempo. Hizo click, y toreó y toreó y toreó, mientras todos ya trataban de despertarse sabedores de que allí, por fin, estaban viendo lo que habían soñado desde niños. Cambió a la derecha y a la izquierda, los dio de uno en uno, sacó el pecho, volvió a torear en redondo, trincherillas, trincherazos, y vuelta a empezar de nuevo. La gente clamaba porque no se diera muerte al noble animal y el presidente, con gesto amargo, sacaba pañuelos blancos sin ser consciente de que cuando un torero está en trance, cuando está regalando una lección magistral de Tauromaquia, de torería, de sentimiento a flor de piel, no sirven las falsas posturas. No hay mal hacer que pueda detener el arte. Finito toreó y toreó hasta que no pudo más y entonces, recetó a Laborador el final que nadie quería. Un estoconazo para dar muerte digna a un toro que no la merecía.

También torearon Morante y Talavante, que cortaron una oreja cada uno. Talavante al tercero, al que toreó por la derecha mostrando su buen momento de forma, y el de la Puebla al quinto, de menos a más. Pero la tarde estaba eclipsada por lo que había sucedido en el cuarto. Finito trazó otra de esas tardes en las que ya no puede hablarse de nada más que de aquello que ustedes, si Dios les concede larga vida, o sus hijos, o sus nietos, verán en los libros de Historia. El día aquel en que Finito toreó hasta el anochecer.

La ficha

Toros de Núñez dei Cuvillo. Desiguales de presencia. Extraordinario el 4°, “Laborador-65", para el que se pidió el indulto. Buenos 3º y 5°. Deslucidos 2° y 6°. Al arrastre: ovación, silencio, ovación, ovación, ovación y silencio.

Finito de Córdoba: Ovación y ovación tras tres avisos.
Morante de Ia Puebla: Silencio y oreja.
Alejandro Talavante: Oreja y ovación.

Casi tres cuartos de plaza.

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Comentarios

Pablo Trujillo ...
Una crónica taurina en la que se habla solamente del mérito del indulto de un toro y en la misma no se hace mención alguna del comportamiento del toro en el caballo, cuanto menos me parece poco objetiva y por tanto poco creíble.
fernando.blanca...
Por gente como tú, está esta plaza, esta ciudad, sin tener categoría alguna. Si ayer se hubiera indultado al toro, ya sería el segundo de tres que no debieron ser indultados. Un toro que huía de la muleta en la parte final de la faena, no es de indulto, y tú lo sabes, y Don Juan Serrano lo sabe. Perdió todo, que bien ganado se lo tenía, pero bien
jlpinedar
A Fernando le digo, ¿de verdad crees que la categoría de esta plaza se ha perdido con el indulto de Bondadoso? ¿con la petición del indulto de este toro? Creo que sería simplificar bastante el asunto. La categoría la plaza la ha perdido por muchos factores y desde luego no creo que eso sea nada más. Respeto profundamente a la gente que es contraria al indulto. Mi concepción del toreo es otra. Prefiero que un toro sea menos fiero en el caballo si después va a permitir una obra de arte como la que vimos el sábado. Esa es mi opinión. Después de 30 años viendo toros todos sabemos que es muy difícil, casi imposible, que un toro permita la faena que vimos el sábado. Entonces, yo digo ¿por qué no permitir que haya más toros como ese? ¿de verdad eso devalúa la fiesta? ¿de verdad eso le hace perder categoría? Para mí no, todo lo contrario. Pero bueno, esto forma parte del debate taurino. Entiendo y respeto que no les haya gustado la crónica, lo cierto es que uno escribe en caliente y tratándose de arte, con los sentimientos a flor de piel. Yo me emocioné con esa faena como tal vez no había hecho nunca, creí ver que aquello era algo histórico y quise reflejarlo de esa manera. En cualquier caso, gracias por leerla. Un saludo.
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