Opinión

Versos sueltos
24/05/17 · Manuel Cobos

Si tengo que decantarme por un escritor que haya marcado mi vida, ése es sin duda Arturo Pérez-Reverte. Y si una frase suya me gusta y me la creo, porque en lo mucho que he leído de él demuestra que es cierto, es la que respalda su columna de XL Semanal: “Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen”.

La semana pasada me transmitieron las críticas de algunos tuiteros, que se pronunciaron sobre que no entendían qué pintaba en un medio local que se hablase de la dicotomía Madrid-Barcelona, con mi nunca ocultada pasión por el Real Madrid. A esas personas les comento que, como pueden repasar a lo largo de este año y medio que llevo escribiendo, he hablado de todo: de temas del Córdoba, de anécdotas de mi infancia, de ciclismo, de golf, de rugby o hasta de la guerra de las radios. Pienso en a quien molestó que tocase el tema que toqué la semana pasada, por no ser de índole local, y creo que le influyó o que no lee habitualmente la columna  o que, siendo lectores de ella, allí se hiciera una defensa de mi equipo, el Real Madrid.    

El trabajo que realizan los compañeros de Cordobadeporte a nivel local es digno de respeto y admiración. Sé a ciencia cierta que su dedicación al deporte local en general y al Córdoba CF en particular es casi exclusiva, priorizando en algunos momentos su trabajo a su vida privada y familiar. Me parece gratuito que por una columna en toda la semana de algo que no sea deporte local se quiera transmitir esa imagen de Cordobadeporte.

En Córdoba tenemos el defecto también de creer que todo se resume en el Córdoba Club de Fútbol en materia deportiva, y ello se ha llevado por delante multitud de deportes minoritarios que no han encontrado el merecido respaldo de nuestra sociedad (véase balonmano, baloncesto y fútbol-sala como ejemplos de ello). Yo particularmente he celebrado con alegría éxitos del Córdoba y viví con especial intensidad los cuatro ascensos de mi vida (a Segunda dos de ellos, a Primera el que todos recuerdan y el de Segunda B, cuando era niño y cuya evocación me transporta al viejo Arcángel), pero también recuerdo haber vivido con intensidad un play-off de ascenso a ACB contra el Drac Inca en Vista Alegre, por ejemplo.

O también disfruté, como niño, de las alegrías que me dio el Córdoba de Balonmano, en sus distintas denominaciones Ebasur, Cajasur o Publifoto, equipos aquellos que muchos no recordarán, o ni tan siquiera han conocido por edad o por no conocer esos deportes mal llamadas minoritarios. Con una afición, la que tuvo aquel Córdoba de Balonmano, que fue la mejor que yo he visto, convirtiendo el hoy defenestrado Polideportivo de la Juventud en una caldera al más puro estilo de las canchas griegas y turcas, en las que se respiraba Córdoba por los cuatro costados.

Querer a Córdoba, o sentir su deporte, no es propiedad exclusiva del cordobesismo, sino de una ciudad entera, en la que además, como yo en Cordobadeporte, hay muchos versos sueltos para mirar más allá con variopintos asuntos. 

 

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