Opinión

Fútbol
16/02/18 · David Jurado

Nuestro Córdoba se encuentra en un momento más que delicado, aunque afortunadamente este trance lo está sufriendo en una situación de máxima ilusión. Tal es ese punto de júbilo que casi ni tras aquel ascenso milagrero a Primera lo recuerdo. La fuerza del cordobesismo es infinita como dice su himno, y en los momentos más crueles se revela. Que el domingo se vaya a llenar El Arcángel después del varapalo de Tenerife lo dice todo. Éstas son las caras más bonitas que aún conserva el llamado deporte rey. Ese fútbol profesionalizado del siglo XXI prostituido por otras cuestiones que en tantas ocasiones lo deshumanizan.

En el Córdoba se vive de forma frenética en las últimas tres semanas, porque por raro que parezca el desembarco de Jesús León y los suyos no suma ni un mes limpiando la cara del club de nuestros amores. Y mucha mierda había y queda por limpiar. En ese mes que cumplirá la próxima semana después de ganar al Granada ha pasado de todo. Bueno y malo. Más de lo primero que de lo segundo. Y además ya ha dado tiempo a que surja la crítica. Desde un bando y otro, trincheras que las llamaría mi querido Pineda, aunque afortunadamente éstas empiezan a desaparecer. Eso sí, cual cánceres éstos nunca son fácil de extirpar, y aún queda más de uno.

Nunca es fácil convivir con la crítica, aún menos cuando se llega a un nuevo cargo y os puedo asegurar que el de presidente del Córdoba está expuesto a ésta casi al nivel de un alcalde. En el caso que nos ocupa en la mayoría de los casos está injustificada, sobre todo porque la memoria parece muy corta y la lengua muy corta. Algunos ya han olvidado los casi siete años de vetos, ninguneo, vilipendios varios y tiranía, como para en menos de un mes señalar a su sucesor cuando no fueron capaces de alzar la voz contra los González.

Con todo, nada tiene que ver la crítica con el fútbol propiamente dicho. La pelotita es muy caprichosa y como no está entrando, de momento, pues la crítica es más fácil. Eso no quita que sea ineludible hablar de descenso y la Segunda B, aunque sean palabras tabú por la avenida de El Arcángel. Yo soy de los que pienso que el Córdoba volverá al que no es su hábitat natural, incluso después de aquel revitalizador 5-0 al Reus que pareció llegar en forma de señal del cambio tan anhelado que necesitaba nuestro Córdoba. Que a nadie se le olvide que es nuestro, y ahora con Jesús León aún más.

De cualquier forma hay que seguir vendiendo ilusión, tarea del club, y tener esperanza, aunque esa no sea la labor de los notarios de la información, que es informar y a la par opinar de una realidad utópica con rumbo a un pozo harto complicado, con Romero, Sadoval o el mejor entrenador del mundo, y que nadie desea. Por ello soy de la opinión que cuando antes se acepte una realidad, y la clasificación dice que somos de Segunda B por un amplio margen, antes se puede reconducir el rumbo.

Los males se solucionan reconociéndolos en primer lugar, detectándolos, de ahí que creo que desde ya hay que diseñar una estructura de club por encima de su categoría, porque a veces en esta vida no se puede tirar del latiguillo aquel que habla de las matemáticas, ese del que hablan mucho futbolistas y entrenadores, porque "mientras las m...".

Es momento de poner la base de un nuevo Córdoba, y por supuesto también de hablar de fútbol, sobre todo de vivirlo como ocurrirá el domingo ante el Granada. Hasta la hora será futbolera para respirar en El Arcángel fútbol, aquel de otro siglo que calificó Vujadin Boškov, porque el fútbol es fútbol.

 

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