Opinión

Venda
18/03/19 · R. Fernández

Soy optimista por naturaleza y siempre lo he aplicado, hasta ganarme mi buena fama por ello, con el devenir del Córdoba CF. Hasta en los momentos que parecían más difíciles, en Cartagena, Leganés, Pontevedra, San Sebastián o Las Palmas, aunque la realidad me golpeara duramente también en La Palma, La Coruña, Almansa o Valladolid.

Quizá por eso me preocupa mi hondo pesar de los últimos días, mi enorme temor a lo que ha de llegar. Lo peor aquí no va a ser caer a Segunda B. Ya vi al Córdoba ahí, como seguidor en mi fondo y como periodista. Viviendo y contando penurias y también saboreando alegrías muy especiales, de mejor recuerdo incluso que otras en categorías más dignas. Lo peor es la sensación de incertidumbre. No por la gilipollez de que el club vaya a desaparecer, que no lo hará nunca salvo que seamos los más tontos del planeta (que también podría ser viendo algunos especímenes de estos lares), sino por hacerlo con una fractura evidente y aún más, entre el absoluto hastío, la resignación por pensar que este club no tiene remedio.

Yo creí en León. Aún creo que es mejor que González, aunque cuando falta el respeto a aficionados, abochorna en lo social día a día, claudica ante el poderoso, argumenta y casi nunca cumple o vira cual veleta de una postura a otra en tantos aspectos quedan pocos argumentos. Pero yo al menos no olvido la soberbia, la prepotencia, la maldad inherente, la destrucción de los más básicos valores del club y de su historia de la propiedad anterior. Puede que León haya cometido muchos de los mismos errores y en menos tiempo, pero yo, que he tratado a los dos, sé que no hay parecido. Y además éste se subió a un barco con vías de agua que ahora se hunde, en gran medida con responsabilidad directa suya, porque ninguna de sus soluciones han funcionado, pero tal y como desearon algunos que cualquier cordobesista con dos dedos de frente debería tener para siempre como enemigos de su club y aquí no.

Claro que aquí consideramos referentes, de los que merecen el total respeto, no a los que hicieron más grande ese escudo que ahora se pide no arrastrar, no a algunos de esos cordobeses que cogieron el toro por los cuernos en momentos difíciles, no miraron para otro lado y al menos lo intentaron, con el riesgo de quedar en los libros de la negra historia para siempre. Lo hacemos con gente de paso, con el único interés de su ombligo, a pseudoaficionados con intereses, incluso a jugadores que ni en sueños igualarán lo que aportaron otros tantos olvidados. Hasta para algunos es referente González, ése es nuestro nivel. Yo, para que no me acusen, sé de mi responsabilidad en lo que ha pasado, podré haber sido cómplice por crédulo, incluso haber estado cerca de políticas informativas inadecuadas por un determinado contexto, pero si muchos supieran las realidades y motivaciones últimas de los que tanto toman en consideración se sonrojarían. Yo -alguna ventaja tiene que tener formar parte de este mundo- sí las conozco y de verdad que causan pena.

Así, con toda esta coyuntura, bajar va a ser un dolor de muelas. La herida ya la tengo, pero pongo la venda. Primero, por cómo se consume el hecho en sí, que deseo que no se parezca a lo de 2015, por el sonrojo, la pérdida del orgullo como afición y hasta porque no paguen justos por pecadores, como suele pasar en estos casos. Y ahí está el ejemplo de algunos silbidos e insultos esta temporada a algún ex.

Segundo, por el propio León, que, para empezar, si piensa pagar a González y quedarse ya está tardando en anunciarlo. En salir a la palestra y, condicionantes y justificaciones algo o nada plausibles al margen, pedir perdón por una temporada negrísima y ponerse a trabajar para arreglarlo. Muchos no entenderán esto, se creerán en su derecho a criticar la idea y hasta en tratar de impedirlo, y es más que respetable porque crédito al montoreño le queda poco o nada. Pero por más irrespirable que se adivine el ambiente si ocurre, hay ejemplos como el del Real Mallorca que vienen al caso para tener presente que la cura de humildad de un paso por Segunda B y un trabajo verdaderamente profesional puede reforzar a un club histórico. Eso sí, si no se ve capaz, si ya no es tan neumático, recupere lo invertido y venda. Venda.

Y tercero, y pese a ello es lo más importante, por cómo asuma la afición lo que viene. Demostrar cuántos de los 14808 eran de pega, de los que dejan de lado a su club cuando lo necesita. Y descontados esos, si se es consciente de dónde se cae. Que puedes ir a Jumilla y perder, que te ganará un filial en tu casa, que puedes hacerlo todo bien y que en los cruces no respondas o el rival sea mejor que tú. Que el nivel de tus jugadores y de los rivales baja hasta desanimar, que todo es más gris pese a que tenga su encanto. No veo a toda una generación preparada al cien por cien para ello, porque no es lo mismo el disfrute puntual con el B que sentir que va la vida cada domingo. Pero igual pronto vuelve mi optimismo.

 

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