Wembley, 1968. Reina, un año después. El primero de una estirpe que nunca se consolidó del todo. Manuel Polinario, Poli, nacido en Puente Genil en 1943, fue el pionero: debutó con la selección española en la Eurocopa de 1968, en Wembley, contra una Inglaterra que se impuso por 1-0 con un tanto de Bobby Charlton. Fue su único partido como internacional, pero bastó para que su nombre quedara grabado en su localidad, que terminó bautizando el estadio municipal en su honor. Desde aquella tarde, la provincia ha ido sumando futbolistas nacidos en Córdoba a una lista que hoy supera la docena.
La cantera blanquiverde es el hilo que cose casi todas estas historias. El primer jugador del Córdoba CF en debutar con la selección fue el defensor Mingorance, en un encuentro en el Bernabéu ante Escocia, un dato que recoge la ficha histórica del club y que sitúa el arranque de esta tradición mucho antes de que el fútbol local tuviera la proyección mediática de hoy. De aquella raíz salió Miguel Reina, quizá el apellido más reconocible de todos, y no solo por ser el padre de Pepe Reina.
Reina debutó en Primera con apenas dieciocho años en la temporada 1964-65, vistiendo el blanquiverde, antes de que el Barcelona y luego el Atlético de Madrid se fijaran en él. Su estreno con España llegó el 15 de octubre de 1969, en un clasificatorio para el Mundial de 1970 contra Finlandia que los españoles golearon por 6-0. Sumó cinco internacionalidades. La última, una derrota ante los Países Bajos en la que encajó un gol en propia y fue sustituido al descanso, le costó el puesto. El fútbol, ya entonces, perdonaba poco.
Hubo una época en la que los cordobeses entraban casi en cadena. Sebastián Alabanda, leyenda del Betis nacido en Posadas, debutó en 1976 contra la República Federal Alemana en el Calderón, entrando en el tramo final de un partido que España empató. Juan Verdugo, de Montilla, fue titular los noventa minutos de un amistoso ante Noruega en El Molinón en 1978, ganado por 3-0. Y García Navajas, también de Posadas, jugó su único partido como internacional absoluto en noviembre de 1979, una derrota por 1-3 ante Dinamarca en el Ramón de Carranza.
¿Qué une a tantos debuts que se quedaron en un solo partido?
Esa dificultad para consolidarse tiene una lectura que va más allá del caso cordobés. El rendimiento de un futbolista en los grandes torneos, la diferencia entre el que cuaja y el que se queda en una sola convocatoria, es precisamente el terreno que escudriñan los analistas especializados cuando ponderan a una selección de cara a una cita mundialista, donde el rendimiento y la continuidad de los jugadores pesan en las estadísticas de victoria de cualquier combinado. Un dato que se evidencia en las apuestas a quién ganará el mundial, que suelen recoger entre sus favoritos a conjuntos nacionales sólidamente asentados, con un once inicial y un grupo de convocados reconocible y sin grandes vaivenes de una lista a otra. Visto así, los nombres cordobeses de esta lista son casi todos ejemplos del lado contrario: jugadores cuyo talento nadie discutió, pero cuya permanencia sí.
Cristóbal Parralo rompió la maldición del partido único. El prieguense, formado en la cantera del Barcelona, acumuló seis internacionalidades a comienzos de los noventa e incluso marcó en una goleada por 5-0 a Lituania. Pero el récord de presencias entre los nacidos estrictamente en la provincia lo ostenta Toni Muñoz, el lateral izquierdo que vistió diez veces la camiseta nacional entre 1992 y mediados de la década, con dos goles: uno de penalti ante México y otro frente a Albania, justo en su despedida.
Por encima de todos en número de internacionalidades está Paco Jémez. Nacido en Las Palmas casi por accidente, su padre trabajaba temporalmente en la isla, pero criado y formado como cordobés, Jémez debutó en 1998 y vivió su curso más prolífico en la 1999-2000, con doce partidos y la disputa de la Eurocopa incluida. Suyo es un detalle simbólico: el último encuentro oficial de la selección absoluta masculina en Córdoba, un 1-0 ante Japón, lo jugó él. Desde entonces, El Arcángel no ha vuelto a recibir a la masculina.
El relato no se cierra en el pasado. Rocío Gálvez se convirtió en la primera futbolista cordobesa en la absoluta femenina y se proclamó campeona del mundo en Australia y Nueva Zelanda, un techo que ninguno de los hombres de esta lista alcanzó. Antonio Blanco, de Montalbán, debutó en 2021 en plena pandemia, cuando De la Fuente tuvo que recurrir a la sub-21 al completo. Y Alfonso Pedraza, de San Sebastián de los Ballesteros, fue hasta hace poco el último en estrenarse: la recopilación de Cordópolis reconstruyó su convocatoria de urgencia en 2023, cuando la lesión de Baldé le abrió la puerta de La Roja en un clasificatorio para la Eurocopa. Una puerta que, como casi siempre con los cordobeses, se entreabrió apenas lo justo.
Doce nombres, una sola provincia y un patrón que se repite generación tras generación: Córdoba produce futbolistas de selección, pero rara vez logra retenerlos en ella. El seguimiento de las jóvenes promesas blanquiverdes que asoman cada temporada en Segunda mantiene viva la pregunta de quién será el próximo. Porque si la historia enseña algo, es que el siguiente cordobés en debutar quizá ya esté jugando en algún campo modesto, esperando su única tarde. La duda no es si llegará. Es cuántos minutos le dejarán quedarse.




