Opinión

Balaverde
18/10/18 · Manuel Cobos

Hay veces que la actualidad acumula temas y hay que recuperarlos días después aunque queden algo lejanos. Hace un par de fines de semana se disputó el Mundial de ciclismo de fondo en carretera en la localidad austríaca de Innsbruck, que a alguno nos trae recuerdos del famoso 9-1 que le endosó al equipo de allí la Quinta del Buitre allá por los 90. O, más recientemente por haberse concentrado allí la España campeona de Europa en la Eurocopa de Austria y Suiza.

Y al igual que en aquella Eurocopa, en esta ocasión tuvimos la alegría de que un español ganase el título. El honor correspondió a Alejandro Valverde, que puso un broche, por fin de oro, a su larguísimo y brillantísimo palmarés por más que algún personaje se empeñe en denostarle.

El equipo español realizó una labor encomiable en todos sus aspectos e integrantes, infiltrándose en todas las fugas y cubriendo en todo momento las espaldas de Alejandro, que respondió como sólo él sabe destrozando en el sprint a Domoulin, Bardet y Woods.

Lo de Alejandro viene de antiguo, que no de viejo. Ha ganado entre otras cosas una Vuelta a España, cinco veces la Flecha Valona, dos Lieja-Bastogne-Lieja, 11 etapas en la Vuelta a España, 4 del Tour de Francia y otra más en el Giro, además de haber sido tercero en su única participación en la gran prueba de Italia y tercero en el Tour en otra ocasión. Podríamos seguir con su palmarés, pero nos aburriríamos de contar triunfos a lo largo de sus 38 años, ya que al contrario que lo que hacen ahora ciclistas como Froome, o antes hacía Indurain, esa punta de velocidad que tiene le ha dado a Valverde para ganar en multitud de las llamadas clásicas de un día como también ocurrió en 2014 en la clásica de San Sebastián. Y su carácter competitivo le ha llevado a competir también en Vueltas de una semana y a superar sus problemas en la alta montaña e incluso a última hora ha mejorado en la contrarreloj, llegando a ser campeón de España en el año 2014. Todo eso después de superar durísimas caídas, como en el Tour de Francia del año pasado.

Tras ella volvió este año, cuando muchos lo daban ya por retirado, para hacer valer su apodo “Balaverde". Porque a Alejandro siempre le queda una bala o va como una bala, para ir de victoria en victoria a lo largo de la temporada.

 

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