Opinión

Illa, illa, illa
04/04/19 · Manuel Cobos

El año 1992 fue grande en España como pocos. Tuvimos la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona, acontecimientos que convirtieron a España en referente mundial, aunque fue el antecedente a la primera crisis económica que yo (que en aquel entonces tenía 13 años) tengo constancia de recordar.

Fueron años duros esos comienzos de los 90 para los madridistas, con aquellas dos ligas perdidas en Tenerife -con influencia del estamento arbitral de la época con dos sibilinos arbitrajes de García de Loza y Gracia Redondo-. Se marchó del club el jugador de más clase de la denominada Quinta del Buitre gratis al Torino italiano, y aunque luego volviera nunca volvió ser sombra del jugador que se fue aquel Rafael Martín Vázquez -el Guti de esa generación podríamos llamarlo, aunque menos madridista y con más amor al dinero que éste por supuesto-.

Pero si por algo fue duro para la esfera blanca ese 1992 no fue tampoco porque el eterno rival blaugrana ganase su primera Champions (porque Copas de Europa no pudo ganar ninguna más que les pese), sino porque un maldito 2 de abril de ese año se mató otro accidente de coche y se fue a dialogar con Fernando Martín sobre su Real Madrid y los valores del madridismo nuestro siempre añorado Juan Gómez “Juanito”.

Los no madridistas recordarán siempre su pisotón a Matthäus o el episodio de agredir al árbitro allá por finales de los 70, acciones poco edificantes sin duda, pero los madridistas siempre lo evocaremos como un hombre que era todo corazón y que defendía al Real Madrid por encima de todos y de todo. Como él decía “me da igual que seas bueno o malo, si no eres del Madrid eres mi enemigo”. Siempre me quedará en la cabeza la imagen de Juanito saltando al ser sustituido en la noche del 4-0 al Borussia Mönchengladbach o ese comentario a Giuseppe Bergomi de “90 minuti en el Bernabéu son molto longos” que aún se esgrime.

Sólo así entendemos a Juanito los madridistas y sólo así entendemos los madridistas al Real Madrid. Por eso aún hoy se corea su nombre como grito de guerra todos los minutos 7 de todos los partidos. Con orgullo siempre gritaré eso de “Illa, Illa, Illa, Juanito maravilla" para nunca olvidar a aquel referente al que la jodida carretera y la mala suerte -fue el único que murió del accidente y la muerte lo visitó durmiendo- segó de la tierra.

 

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