Opinión

Criterio
12/11/18 · Rafa Cano

Los caminos del fútbol son inescrutables. Si algo he aprendido en los años que llevo en la profesión periodística es que cualquier escenario es posible, por descabellado que parezca, cuando se trata de este bendito deporte. Una circunstancia que se acentúa en el caso del Córdoba CF, un club acostumbrado a vivir en la permanente convulsión, tanto que a veces incluso le ha sido propicia para conseguir sus mejores gestas.

Del enésimo esperpento blanquiverde, con la puesta en la picota pública de Sandoval, no sé si me sorprende más el fondo o las formas. En el fútbol de las Sociedades Anónimas Deportivas, ante un mal momento deportivo, ningún club reúne a su Consejo de Administración y lo anuncia a bombo y platillo para posteriormente ratificar la confianza en su entrenador. Ninguno menos el Córdoba, claro. Las sutilezas las guardaremos para otra ocasión, debieron pensar en las oficinas de El Arcángel, antes de lanzar un globo sonda que encontró una respuesta, no sé si esperada, pero claramente rotunda como para echar atrás una destitución que parecía cantada y que flota en el aire desde hace semanas.

Me reconozco incapaz de juzgar la labor de Sandoval más allá de los réditos logrados por su equipo. Con el madrileño siempre he tenido la impresión de que es su conexión emocional con la grada la que le da esa posición de fuerza en el club, pese a que su equipo sólo ha ganado dos partidos en trece jornadas, que se dice pronto. Ese 'feeling' y esa facilidad que tiene Sandoval de predisponer al aficionado al sufrimiento, incluso para luchar por un objetivo tan modesto como el de la permanencia, supone un escudo perfecto para la propiedad. Sólo así se explica que a estas alturas el de Humanes siga en el club pese a la evidente falta de confianza en su figura. Y no quiero decir con esto que yo crea que merece el despido, cuestión que tendrían que resolver los profesionales deportivos del club, pero no es menos cierto que otros, por mucho menos, enfilaron antes la puerta de salida.

Lo realmente preocupante del asunto, a mi entender, es la ausencia total de un criterio profesional e independiente detrás de la decisión tomada. A menudo las decisiones más necesarias en una empresa (o un club de fútbol) son impopulares, pero no por ello eludibles si se tienen claros los objetivos y, sobre todo, si se parte desde un convencimiento sólido.

La falta de un rumbo claro en el Córdoba no es, por evidente, menos descorazonadora. Y el camino de fiar la toma de decisiones a lo políticamente correcto es muy peligroso. Sobre todo porque los milagros no aparecen todas las temporadas y cuando lo hacen suelen acarrear peajes como el que el Córdoba está pagando desde el pasado verano. Todo ello, por la flagrante falta de algo tan básico como indispensable: criterio.

 

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