Opinión

La igualdad
09/03/18 · Julia López

Centenares de periodistas nos sumamos ayer a la huelga feminista convocada para reivindicar una igualdad real entre hombres y mujeres. Siempre hay colectivos que se ponen nerviosos cuando se ondean ciertas banderas, aunque ésas sean invisibles. Porque lo cierto es que no hace falta ser un lince para saber que en algunos terrenos la igualdad no es sólo una quimera, sino que el papel de la mujer está completamente invisibilizado.

Hoy escribo esta columna con la emoción de lo vivido en el día de ayer, lo presencial y lo que pude escuchar, leer y ver a través de terceros. Emoción como la que produce que jóvenes estudiantes se señalen donde es muy complicado señalarse, en pequeños núcleos de población, y alcen su voz para decir que se necesitan políticas que vengan a dejar las palabras a un lado y se busque la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Emoción como la que provoca ver una marea morada que pide no tener que seguir demostrando de manera perenne que hemos llegado hasta donde estamos para quedarnos y para seguir avanzando, sin pisotear a nadie, trabajando de la mano.

Pero también la escribo desde la rabia. La rabia que me provoca que el papel de la mujer en el periodismo deportivo siga estando donde está, con los puestos más visibles ocupados por hombres; que las mujeres sigan estando para hacer acotaciones a pie de campo; que la imagen prevalezca sobre la capacidad; que siempre se recuerde que Fernando Martín fue el primer español en jugar en un equipo de la NBA pero que nadie ponga énfasis en que Blanca Ares fue la primera española llamada a jugar la liga femenina en Estados Unidos, aunque declinara esta opción y dejara el papel de pioneras a Amaya Valdemoro y Betty Cebrián. Y Valdemoro fue la primera baloncestista española en ganar un anillo, antes que Pau Gasol.

La rabia que produce que los periodistas ofrezcamos y la sociedad consuma hasta el más mínimo detalle lo que acontece alrededor de algunos jugadores de fútbol, y que sin embargo algunas mujeres para tener visibilidad tengan que hacer auténticas proezas. Es así. Durante el día de ayer escuché que la única solución al problema se centra en la educación y mucho habrá que andar para que el papel de las futbolistas, de las baloncestistas, de las balonmanistas, de las atletas o de las tenistas se centre también en su día a día y no cada vez que se cuelguen una medalla o ganen un título. Esa atención parcial es insuficiente y para cambiarla tendrá que cambiar el modelo, principalmente el de consumo de la información.

Afortunadamente, desde donde escribo muchas noticias están protagonizadas por mujeres y seguimos el camino de gente como Fani Fortes, Fátima Gálvez, Carmen Romero o Julia Figueroa. Me decía una compañera en el día de ayer que “las mujeres periodistas somos las portavoces de las desigualdades que sufren las mujeres y somos responsables de hacerlas visibles”. Ése es el camino.

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