Opinión

El deficitario discurso de venta
12/12/18 · David Jurado

Ésta, que me da que no será la última ni tan siquiera la penúltima entrada en La Cancha de este 2018, porque como diría aquél van a pasar cosas, será un totum revolutum. Fundamentalmente de todos los dimes y diretes que giran en torno a una nueva venta en el Córdoba CF. Curiosamente llegan un año después de aquel diciembre de 2017 en el que nadie imaginábamos aquella primera aparición de Jesús León, que acabó en la segunda venta del club tras su estelar aparición inicial como Mesías en el palco de El Arcángel ante el Reus. De ahí que se empiece hablar en estos días del espíritu de Reus, por todo lo que supone enfrentarse a los catalanes, que, curiosidades del destino, igual ahora juegan su último partido en el fútbol profesional ante los blanquiverdes.

Conocidos son los ecos de otra futura venta desde meses atrás, todos ellos, dicho sea de paso, negados por Jesús León, aunque el montoreño fue el que deslizó en verano esas primeras ofertas que empezó a tener sobre la mesa. Tanto que semanas después fue él mismo, en los micrófonos de Canal Sur, el que habló de unos empresarios chinos por primera vez. Casi despidiendo ya el año son continuas las afirmaciones entre aficionados, y no tan aficionados, porque también lo aseguran empresarios y políticos de la ciudad, en torno a que el Córdoba está vendido. Así llevamos desde octubre. Aunque la realidad dice que dos meses después sigue mandando el mismo: León.

Eso no quita que no vaya a haber venta, como la que se dio días después de Reyes de este 2018, cuando Carlos González negó la mayor para amargar el día a más de uno con aquella escenificación del Dios de la mentira en la que aseguraba que la venta se había roto. Que se lo pregunten al departamento de comunicación de entonces, que la vivió entre el más absoluto esperpento y luego aquel tren descarrilado le pilló en medio para llevarse una cornada de varias trayectorias. Luego ya saben todos los teatrillos que hubo con aquella primera aparición estelar de Luis Oliver. Parece que escribo de algo ocurrido hace décadas y no hace aún once meses.

Tampoco implica eso que ahora la venta sea de la totalidad del algo más del 97 % de acciones que posee León, aunque en realidad no serán plenamente suyas, sino a través de Aglomerados Córdoba, una de la decena de empresas de su mini-holding que le lleva a mover el maldito dinero en el club, hasta que no abone a Carlos González los 5,5 millones que aún le adeuda. Medio de ellos se pagará en enero y luego vendrá lo más difícil todavía, el desembolso de cinco kilos, como diría cualquier cordobesista en una de esas múltiples comidas navideñas que ya proliferan. Sin ir más lejos, la blanquiverde celebrada este miércoles 12 de diciembre.

Qué fecha la de aquel año. Me vais a permitir que me vaya un poco del hilo, pero es que es inevitable acordarse de aquel 12 del 12 del 12. Aquellos tornos rotos, esas bolsas negras saliendo de las taquillas y mientras Messi calentando sobre el césped de El Arcángel. Aquel maravilloso día en el que vimos al Barcelona en nuestro Reino con los Alberto Aguilar, Fernández, Fuentes, Fede Vico o Gaspar y Rafa Berges como director de orquesta defendiendo la blanquiverde. Porque entonces hasta casi medio equipo lo conformaban cordobeses. Lo nunca visto en 40 años, como dijo aquel 'mafias' llamado Javier Jiménez que el lunes volvió a Córdoba de paseo.

Volviendo a lo que nos ocupa, además de los chinos, que hace tres semanas cerraron la compra cenando en El Caballo Rojo (ironía on), luego está el hijo de Oliver a través de Bitton Sport (por lo que aún le debe León), los Del Nido (no confundir con Los del Río) -aún más si ahora venden sus acciones del Sevilla, por lo que tendrían mucho parné- y los portugueses de Luis Figo. Todos ellos tienen su lógica, pero quizás la mayor sea la del luso, porque el ex del Barça y el Real Madrid era el socio de León en 2016 cuando el montoreño tenía firmado un precontrato de compra con González por más de 17 millones de euros, con una terna que completaba Zoran Vekic. Si representante y exfutbolista eran entonces sus amigos, igual lo sigue siendo Figo, dado que Vekic ya está retirado del mundillo futbolístico tras invertir en la empresa de vuelos privados.

Todo ello quedará desvelado con realidades antes de o el mismo 10 de enero, fecha fijada para la Junta General de Accionistas. Hasta entonces oiremos muchos y variados discursos, de unos y otros. Porque no sólo están los de los presidentes que tienen intención de fichar cuando al día siguiente se saben suspendidos los derechos de fichajes por impagos, también están los de los entrenadores. Porque habrán observado que el de Curro Torres no es precisamente populista ni tira del lado sensible del cordobesismo como hacía su antecesor.

Es, salvando las distancias, como lo del déficit. Porque cuando un club tiene dos puede mezclarlo hasta el más experto financiero, e incluso así lograr ganancia de pescadores. En el caso del Córdoba por un lado tiene el societario, ése de 4,2 millones que someterá a aprobación en su Junta, y luego el de su límite salarial, concretamente de 1,4 millones, que sí que le impide fichar. El otro es cierto que está ahí, en las cuentas, y aunque cualquier hijo de vecino que no tenga para comer no puede pagar la luz, en este caso sí que se puede tener pero a la vez fichar.

Eso sí, con el de 1,4 sólo quedan tres caminos: traspasar jugadores, aligerar nóminas o ampliar capital. No hay otra manera de trabajar en él, por mucho discurso deficitario de venta que nos quieran vender, nunca mejor dicho. 

 

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