Opinión

'Y el triunfo pa' cuándo...'
01/10/18 · David Jurado

Con o sin anillo, este Córdoba no sabe ganar en liga. De ahí que algún cordobesista utilice ya el hit del verano de Jennifer López para preguntarse, con paralelismo incluido, aquello del 'y el triunfo pa cuándo...'. Sin que se le caigan los anillos a nadie.

Entre unos (futbolistas) y otros (Sandoval y Jesús León) se reparten las culpas, y en medio de ellos Rafa Berges, que fue el último en llegar y el que menos responsabilidad tiene en todo lo ocurrido hasta ahora. Eso sí, llega el momento de tomar decisiones, y la de siempre de entrada se retrasa una semana, porque al menos habrá que esperar al tercer derbi andaluz consecutivo para dilucidar si hay cambio de entrenador. El Almería decidirá. O los futbolistas. Incluso hasta Sandoval con sus planteamientos.

Lo que está claro es que mientras tanto y hasta ahora, la casa está sin barrer, y como siempre el perjudicado es el mismo: el cordobesismo. Ese patrimonio eterno, el único que tuvo el Córdoba CF SAD desde su fundación en los albores de este siglo. Un sector de éste está engañado y no lo sabe, otro se deja engañar, y la última parte, que ya es mayoria, ya no cree ni a una ni a otra parte.

Manuel Palma Marín, Manolo Oviedo, Rafael Gómez, Enrique Orizaola, Ángel Marín, Rafael Campanero (disculpen, hay que ponerse de pie), José Miguel Salinas, Carlos González, Alejandro González (la marioneta Jandrín) y Jesús León. 18 años de presidentes, más del doble de entrenadores, más de un director deportivo por temporada de media y cientos de futbolistas. Da igual el año, el denominador común de la casa blanquiverde es la inestabilidad continua. Un club que se autodenomina histórico y al que otros así alaban desde fuera, pero que no hizo historia en Primera como Eibar, Leganés y Girona, por nombrar a tres recientes.

En esas casi dos décadas sufrió dos descensos y disfrutó dos ascensos, a Segunda A y a Primera, 42 años después, pero nada más. El club es una entidad sin una estructura consolidada, sin instalaciones propias, con hasta al menos tres maquetas distintas de Ciudades Deportivas que costaron lo suyo a los arquitectos que se les encargó. Y sin lo primero, como consecuencia, sin una cantera estable que nutra al primer equipo, porque los futbolistas que salieron y llegaron a Primera fueron fuerzas de la naturaleza. 

Lo único que tiene para echarse a la boca son esos campos por los que corren ratas y garrapatas, con aquella grada en precario que se decidió a construir Rafael Gómez. Aquella que anunció a los periodistas con nocturnidad y alevosía una noche de verano entre pavos reales y en su Moncloa particular, pidiéndoles a los primeros que echaran la mirada para otro lado. 

A Rafael Gómez le perdían las formas públicas y sus consejeros, así que igual por ello los presidentes de la segunda década del siglo optaron por actuar en solitario y entre bambalinas. Con burofax va y viene, vetos y mensajitos por doquier para intimidar a través de sus mastines o incluso hasta en primera persona, desde la grada a las cabinas.

La pérdida de papeles es total, la sucesión de disparates mayor, así que llegados a este punto, con la octava jornada por disputar, lo único que deseo es que el director deportivo no se deje amancillar. Él sabe de esto un rato, tanto como que el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once en el que hay que marcar más goles que el contrario para ganar. Para eso y no distraerse buscando culpables con las habituales cazas de brujas. Para saber cuándo se podrá responder a aquello de "y el triunfo pa cuando'.

 

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