Opinión

Romero
12/11/17 · David Jurado

Un mes después de la destitución de Luis Carrión (y no será la última) la evidencia demuestra que la culpa no era suya. Durante este tiempo escuché decir a varios futbolistas que "a peor no se pude ir", pues sí, aquí está la jornada decimocuarta para demostrarlo. Colistas tras más de doce años. Una travesía de Segunda, con la excepción del paso por Primera, que más de uno empezará a valorar ahora como la gloria, porque lo que viene es el infierno: la Segunda B.

Muchos cordobesistas incluso dan por hecho ya ese destino, y eso es lo más triste de la situación, que hasta consiguieron que una de las aficiones más sufridas del mundo (eso sí que es una realidad) haya perdido la fe. Vamos, que tiró la toalla en medio de una división total.

El equipo no da señales de vida y ese sin duda esa es la principal razón de ese hastío total que lleva a la deriva al club. Tal es el punto de indiferencia que todo empieza a tornar al B. Sí como leen, a otro Romero. Todo ello con independencia de la valía o el futuro del técnico del filial o lo que puedan imponer los límites salariales de la LFP (no hay que olvidar que también se puede hacer una ampliación de capital para fichar).

Esa fue la peor decisión que tomó Carlos González (y mira que hubo) desde que llegó a Córdoba en mayo de 2011, poner a José Antonio Romero en el banquillo de un Córdoba de Primera. Entonces maltrató la profesión de entrenador para dejarse llevar a un final triste y aún más cruel que quedará para los anales de la historia durante muchos años. Un técnico que tenía en puestos de descenso al filial en Segunda B era el encargado de hacer reaccionar a un Primera. 

Pues bien, esa jugada parece volver a tramarse en las alturas. Que otro Romero, Jorge, se haga cargo del primer equipo si Juan Merino sigue llevando a la ruina a un Córdoba mal diseñado y peor planificado por el otro cáncer de este Córdoba y que va dejando víctimas por el fútbol español: Candi.

El filial mira al abismo igualmente que sus mayores, y por esa y más razones nunca ningún miembro de éste, menos su entrenador, puede ser el revulsivo que saque adelante a un plantel casi sin espíritu, y cuyos líderes escasean o no están en su mejor momento de juego, lo que no quita que los Javi Lara, Fernández y Carlos Caballero se vean impotentes ante lo que están viviendo.

Ese romero que las más zalameras reparten por la Mezquita nunca hace milagros ni trae suerte, como poner a un Romero en un banquillo. Segunda partes nunca fueron buenas y esperar sentados a que la suerte cambie tampoco, porque esto no es una cuestión de suerte ni de Romero. 

 

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