Opinión

Aquellas tardes de junio
17/05/18 · R. Fernández

Este Córdoba de nuestro corazón, el que vuelve a sentirse pese a los populismos y brindis al sol de nuevo de todos, siempre da un motivo de alegría justo cuando más hace sufrir. Creo que nadie, en su fuero interno, contaba con los tres puntos de Vallecas, tras pincharse el globo de la ilusión contra Cultural y Huesca, aunque quedaran jornadas por delante y equipos opositando seriamente al descenso, con tantos o más deméritos que el Córdoba este año y los anteriores para marcharse de la LFP por la puerta de atrás. Pero la fe del equipo, pese a los reveses puntuales, es inquebrantable. Demuestra que las palabras de los jugadores en esos encuentros cercanos de las entrevistas no son humo ni están vacías, sino que tienen contenido.

Así, llegamos al partido ante el Almería, en el que todo el mundo pensó al mirar el calendario que quedaba en el tramo final, en una situación potable. Podría haber sido mejor, claro está, pero si se vence al cuadro rojiblanco lo que durante mucho tiempo fue una quimera podría acercarse a la realidad. Por eso hay que insistir en lo que se lleva hablando toda la semana y que ayer el presidente León también expuso. El domingo hay que empezar a ganar el partido antes incluso del minuto 1.

Pese a que esto no sea una ciencia exacta, porque también hubo una gran entrada contra el Barça B y el árbitro machacó al Córdoba, está demostrado que la presión ambiental ya ha ganado partidos, logrando que llegaran acciones fuera de sí de los rivales justamente castigadas por el árbitro, ante Valladolid, Lugo, Lorca y Sevilla Atlético. Los partidos que precisamente ha ganado en casa el Córdoba de Sandoval.

Pero esta vez hay que dar un paso más. Hay que crear una atmósfera especial, la de las grandes tardes de junio. Todo el mundo ha tenido el recuerdo esta semana del play-off ante el Huesca en 2007, y de cómo un ánimo exacerbado -aunque siempre dentro de los límites deportivos- acongojó al rival, que ya estaba perdiendo a los cuatro minutos. Yo apelo también a lo vivido ante el Pontevedra, cuando la afición, en el campo desde mucho antes del partido, elevó al equipo para que compitiera y siguiera vivo en plenos días de dudas, tras meterse casi de rebote al final en el play-off y sin dos de sus estrellas disponibles. Luego llegó lo de Pasarón, y cómo con 2-0 al cuarto de hora las gargantas cordobesistas revivieron al equipo hasta sentir que se ascendió ese día. Es imposible no emocionarse recordando aquellos play-off y esto es casi como uno.

Por eso, el domingo, hay que dar un plus. Aficionado, calmado de siempre que estuvo ya en Tercera y en Segunda B, 35 años atrás, y que volvería a estarlo, saque su vena más visceral, conviértase en forofo por 90 minutos. Aficionado, de nuevo cuño que va al campo convencido por el amigo de turno y el precio popular, deje el runrún y el 'venga ya' en casa en una contra que no se termina o en ese pase que se ve muy claro desde la grada, y aplauda hasta los saques de banda. Colectivos de animación, hagan un esfuerzo y coordínense, escuchen un momento qué canta el otro y rujan a la vez en una sola voz con esos maravillosos cánticos. Y Juanín, Litri, echadnos una mano si podéis. Que nos va la vida en ello, que no podemos morir en la orilla, que esto no puede no culminarse. Que la Segunda B es lo de Lucena del domingo, el Murcia-Elche que mata a uno de ellos en diez días y condena a otro año en el infierno. Vamos, joder.

 

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