Opinión

Peros
08/02/18 · R. Fernández

Una vida parece haber pasado desde mi último paseo por esta sección que uno debería cuidar más, a pesar de ser fiel defensor de aquella frase que dice "bendito el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarlo con palabras". Fueron semanas con un supuesto salto por los aires de la venta de las acciones -proféticas aquellas primera palabras de mi columna anterior-, una grotesca rueda de prensa repleta de trolas documentadas, aunque entonces lo vimos al revés, una reconducción y cierre de la operación, una serie de primeros pasos de la nueva propiedad y un mercado de invierno reducido pero intenso, en el que creo que el Córdoba, pese al daño hasta el final de su anterior propietario, ha mejorado su plantilla para subir a su barco de nuevo la palabra esperanza.

Creo que en este proceso, en el que muy pocos de los que habitualmente cubrimos informativamente al Córdoba teníamos experiencia, por ser en pleno mercado invernal y no en verano, se ha hablado de más y los hechos han terminado retratando a muchos. Alguna que otra vez he reflexionado aquí sobre el hecho de que los periodistas tenemos que informar, investigar o exponer opiniones sobre la realidad según va aconteciendo, pero muchas veces ser cautos y no sentenciar tan a la ligera sería un buen proceder.

Yo, salvo algún equivocado brindis al sol para contentar a la afición, veo poco que objetar de momento a la estancia en el Córdoba de León y Oliver, pese a que muchos no es que no les dieran los 100 días de rigor para aterrizar y empezar a gobernar, que tras una etapa tan nociva como la anterior igual deberían haber sido 200 o 300, sino que cargaron con poca piedad a los cuatro o cinco días.

Se ha criticado buscar el respaldo del presidente de honor o esgrimir con orgullo símbolos cordobesistas. Se ha tachado de populismo reunir a todas las facciones blanquiverdes para hacer una puesta en común inicial, algo completamente lógico y necesario. Se ha casi ridiculizado que se dieran bajas y no llegaran refuerzos, cuando los movimientos posteriores lo han justificado y al final llegaron hasta 10 caras nuevas, algunas sorprendentes. Ahora se siembran dudas sobre el proceso, cuando es normal que en una situación desesperada se hayan buscado todas las argucias habidas y por haber para intentar salvar al equipo. Hasta se ha cuestionado que se busque llenar el campo casi a cualquier precio, cuando es un paso fundamental para poder aspirar a algo. Y en cambio, en muy poco tiempo, hasta ya empiezan a tener vueltas las idas para gente escasamente preparada que estuvo por pura pelotocracia al servicio del señorito en un cortijo.

Estas críticas, o peros permanentes, constatan que la etapa de Carlos González no sólo ha hecho un daño infinito, gracias a muchos alentadores, cómplices, cooperadores necesarios o equidistantes. No sólo quedará la herencia a todos los niveles y áreas en el club. Lo peor es que ha instalado en la mente de todos la desconfianza, la duda, el "a saber qué buscarán", el "son iguales que los otros". Y es triste que ni haya margen para comprobarlo, cuando por ejemplo, el criticado Luis Oliver no tiene acciones del club sino un contrato de gestión deportiva que sería rescindible si el trabajo es malo, como lo son todos.

Particularmente, sé que mi labor fue crítica cuando debió serlo con Gómez, con Marín, con Orizaola, con Campanero, con Salinas y con González, y lo será con León y Oliver llegado el caso. Pero no voy a informar desde la duda, ni a tener la escopeta cargada por lo que hayamos vivido en estos seis años y medio. Sería otra victoria de las tantas que concedimos.

 

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