Invierno activo: caminar, descansar y disfrutar sin prisas

El senderismo en Córdoba ofrece muchas opciones en su sierra, tanto en la capital como en la provincia

Vista aérea de zona de senderismo con piscina.
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El invierno no está hecho para quedarse en el sofá bajo la manta, pero tampoco para castigarse con entrenamientos extenuantes que te pueden dejar agotado el resto del día, o de la semana. Por suerte, los días soleados y las temperaturas suaves de Córdoba y de su entorno invitan a salir de la rutina habitual. Una buena forma de romper con ella es moverse para sentirse bien y hacer senderismo, una práctica que no deja de crecer en espacios naturales como La Serranía de Ronda, ubicada a poco más de 100 kilómetros de Córdoba.

Para no desaprovechar las vacaciones de las fechas navideñas ni los fines de semana, no hay que confundir el descanso con la inactividad total. La verdadera recuperación física y mental surge de un cambio de escenario o del contacto directo con la naturaleza. No hace falta planificar grandes expediciones ni viajes transoceánicos para encontrar la paz, y menos aún cuando el invierno invita a vivir experiencias más pausadas, pensadas para disfrutar sin prisas y, por qué no, para regalar.

En este sentido, lo mejor es organizar planes activos en invierno con tiempo y previendo pausas y descansos. Por ejemplo, una ruta de 18 kilómetros junto al río Guadiato hasta el puente romano sobre el Guadanuño nos permitirá caminar durante unas tres horas atravesando paisajes que invitan a detenerse, fotografiar o simplemente contemplar. Este tipo de planes, además, se convierten en una idea perfecta para regalar estas Navidades: tiempo, naturaleza y bienestar compartido.

Pero, como decíamos, no todo es actividad física. El secreto para disfrutar al máximo está en tener en cuenta tanto el movimiento como la relajación, entendiendo que ambos forman parte del mismo plan. Caminar entre antiguos molinos junto a un río, descubrir la naturaleza en invierno y pensar en una parada futura para disfrutar sin reloj del ocio después del deporte son experiencias que no deben desperdiciarse en esta época del año.

Rutas para caminar y no competir

Estos planes de senderismo más tranquilos que proponemos en invierno no requieren nieve ni equipos costosos. Ni tan siquiera gastarse dinero. Tan solo hay que elegir rutas amables que permitan la conversación y la contemplación del paisaje.

En el territorio andaluz, hay infinidad de rutas. Por ejemplo, el Sendero de las Angosturas es una opción magnífica para quienes llegan desde Córdoba buscando naturaleza. Este camino une Jimera de Líbar con Benaoján siguiendo el curso del río Guadiaro en un trayecto de dificultad media-baja apto para casi cualquier condición física.

Del mismo modo, el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos ofrece también alternativas para todas las condiciones físicas. En concreto, la Ruta de la Rabilarga es una de las alternativas más más accesibles: apenas medio kilómetro de recorrido, unos 30 minutos andando tranquilamente, con una dificultad baja y que es incluso superable para personas con movilidad reducida o visual.

Para quienes buscan algo más largo sin llegar a extremos, la ruta por San Jerónimo y Medina Azahara combina una actividad física moderada con la vista a un patrimonio histórico espectacular. En aproximadamente tres horas de caminata que comienzan en el parque de Turruñuelos se llega a Medina Azahara, permitiendo unir ejercicio con cultura en un recorrido que nunca se hace pesado.

“Refugios” al aire libre para descansar y disfrutar

Después de la caminata, llega una pequeña recompensa que, en cierto modo, justifique el esfuerzo y reconforte el espíritu. Una magnífica opción es “refugiarse” en bares con espacios al aire libre. El Bar Molino La Flor, por ejemplo, cumple con creces este cometido de descanso y gozo gracias a su ubicación privilegiada. Sus instalaciones miran directamente a la naturaleza y cuenta con una terraza con piscina que, aunque en desuso para el baño invernal, actúa como un espejo relajante.

Aunque durante los meses de invierno el Bar Molino La Flor permanece cerrado, su esencia sigue muy presente como espacio al que volver cuando llega el buen tiempo. Al respecto, propone una alternativa que cuida nuestro cuerpo con su mojito de sandía sin alcohol, convertido en una seña de identidad de la casa. Además de ser una bebida refrescante, es una recompensa llena de vitaminas. Además, esta bebida rompe con el mito de que los cócteles frutales son exclusivos de la temporada estival.

La sandía aporta la hidratación que el organismo reclama después del ejercicio. El sabor dulce y natural reconforta sin la pesadez que deja el alcohol. Es una opción más que indicada para quienes entienden el deporte como una forma de autocuidado integral. Disfrutar de un trago así, en la terraza, es un pequeño lujo accesible hoy en día para cualquiera.

Por todo ello, el Bar Molino La Flor se convierte en una experiencia ideal para regalar en Navidad: una invitación a regresar en primavera o verano y disfrutar de su terraza, su calma y su forma de entender el ocio sin prisas. Regalar esta experiencia es regalar tiempo, paisaje y bienestar.

En este espacio natural, cualquiera puede sentarse, estirar las piernas y dejar que la vista descanse en el entorno verde. Pensarlo como un plan futuro, marcado en el calendario, forma parte también del descanso mental. Es el escenario ideal para esa charla tranquila que a menudo posponemos por las prisas diarias y donde desconectar tras hacer deporte.

Con una sociedad tan digitalizada y dinámica como la que vivimos, es vital encontrar momentos para desconectar tras hacer deporte y volver a la rutina con las pilas cargadas. Realizar actividades sin agobios, en plena naturaleza y sin ruidos urbanos es la mejor forma de relajarse y disfrutar del descanso, y lograr esa sensación de plenitud difícil de conseguir en las grandes urbes.

Y, después del deporte, tomar algo en un bar y disfrutar de una charla tranquila. Aunque ahora toque esperar, el Bar Molino La Flor sigue siendo un lugar al que volver. El Bar Molino La Flor entiende que el cliente busca algo más que un servicio de hostelería. Por ello, regalar esta experiencia es una forma distinta de decir “nos vemos pronto”, de regalar calma, paisaje y tiempo compartido. Una invitación a vivir el invierno mirando ya hacia los días largos y luminosos que vendrán

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