Alfonso Serrano y sus 10 meses de calvario en el Córdoba

El director deportivo vivió una odisea en su estreno en Segunda B tras 20 años de trayectoria en el fútbol profesional, que arrancó con los bloqueos económicos del pasado verano en mitad del mercado de fichajes, para continuar desde septiembre con los impagos de nóminas, la administración judicial del club y finalizar con su primer despido tras duplicarse su puesto de trabajo

Alfons Serrano gesticula con uno de los fisioterapeutas del club en la banda de la Ciudad Deportiva.

Alfons Serrano gesticula con uno de los fisioterapeutas del club en la banda de la Ciudad Deportiva.

El 11 de junio de 2019 fue el día 0 de Alfonso Serrano en el Córdoba CF. Diez días después tenía lugar su puesta de largo en la sala de prensa de El Arcángel rodeado de los mandatarios que entonces gobernaban el club: Jesús León, Alfredo García Amado y Magdalenas Entrenas. Es como si pareciera que pasaron varios años de aquel momento, pero ni tan siquiera se cubrió uno, porque fueron exactamente diez meses y medio hasta que el pasado 28 de abril recibió su carta de despido. Todos esos meses, vistos ahora a posteriori, fueron todo un auténtico calvario para el pucelano, que tras veinte años como profesional en la dirección deportiva entre Primera y Segunda se embarcaba por primera vez en un proyecto de Segunda B, aunque no lo hacía en un club cualquiera, para lo bueno y para lo malo.

“Las premisas son la normalidad y el sentido común, así será todo más fácil”, pero sobre todo ”hay que aceptar la realidad de estar en Segunda B”. Esas fueron  sus primeras palabras en un club el cordobesista inmerso en fuego cruzado en los despachos y al que las deudas le acosaban. Ya metidos en mayo de 2020 se pudo comprobar cómo precisamente la normalidad y el sentido común nunca imperaron en un club lastrado históricamente por sus cuitas internas y con el famoso entorno. Todo ello algo inherente y común a la casa blanquiverde, eso sí, lo que era inimaginable por entonces era prever cómo sería la realidad de estar en Segunda B y aún menos aceptar el futuro que deparará a una categoría que se convertirá en un pozo aún más profundo si pasa a tener a aglutinar a 100 clubes en cinco grupos.

Pero hay que volver al principio para rememorar el particular calvario que sufrió en este tiempo Serrano. El primero de ellos fue el propio mercado de fichajes del pasado verano. Los problemas económicos que arrastraba la casa blanquiverde con el final del anterior curso, descenso incluido, le afectaban en sus movimientos diarios a la hora de captar jugadores.

Alfonso Serrano ofreciendo explicaciones de su plantel

Alfonso Serrano ofreciendo explicaciones de su plantel

Empezó con fuerza en sus primeras semanas en el cargo, pero su hoja de ruta tuvo que cambiar a finales de agosto, cuando los delanteros que había elegido para buscar el ascenso le daban nones ante la continuos dimes y diretes en los que se veía inmiscuido el club. Tanto fue así que el plantel se quedaría con sólo tres arietes, con Gabriel Novaes como referencia, y a la postre fue el primero en salir con la excusa de un juicio para ya no volver nunca ante su paupérrimo rendimiento.

Fruto de ello el equipo que entonces dirigía Enrique Martín no encontró su sitio en la competición en ningún momento, aún menos cuando empezaron a acumularse la nóminas impagadas a partir de septiembre. Fue entonces cuando le tocó a Serrano lidiar con los futbolistas, porque en aquellos momentos había que oficiar más de padre que de director deportivo. Junto a su inseparable Jorge Rodríguez de Cózar, el único superviviente del proyecto originario de este curso y al que dicho sea de paso le queda poco, su día a día durante octubre y noviembre se centraba en convencer a los jugadores para que no abandonaran el barco. Fue la realidad oculta que evitó una desbandada en medio de la fuga de Enrique Martín, confesada por el navarro meses después. Antes, Serrano también pudo irse rumbo a Oviedo, pero no lo hizo.

El shock con la Guardia Civil tomando El Arcángel

Cuando parecía que nada peor podía llegar un buen día se encontró El Arcángel sitiado por la Guardia Civil en lo que significaba el previo paso a la administración judicial del club. Aquel hecho insólito daría paso a semanas de incertidumbre en el que los problemas crecían en el vestuario, ya con Raúl Agné, que siempre fue su primera opción para el banquillo.

La luz al final del túnel pareció a avistarse con la llegada de diciembre, aunque para ello tuvo que hacer un curso acelerado en términos legales, sobre todo con la aparición del concepto de unidad productiva. Así fue cómo llegó el grupo inversor de Baréin, Infinity, como el nuevo mesías del Córdoba CF, que no SAD, que entraba entonces en su segundo concurso de acreedores bajo la tutela de Francisco Estepa.

Raúl Agné departiendo con Alfonso Serrano a la conclusión del entrenamiento.

Raúl Agné departiendo con Alfonso Serrano a la conclusión del entrenamiento.

Con el nuevo estatus del doble Córdoba la situación convulsa, o más bien el volcán en erupción permanente, parecía remitir. Sin embargo, pronto llegarían nuevos nubarrones para Serrano. Como era lógico los hombres de Infinity traían a gente de su confianza: Miguel Valenzuela, Juanito Gutiérrez y David Ortega. La integración de los dos primeros, sobre todo del segundo, suponían una duplicidad en su puesto de trabajo, aunque oficialmente se vendió como una labor en equipo que luego no funcionó. Las primeras declaraciones de Juanito pusieron ojo avizor a Serrano, aunque antes de la presentación de los ex-béticos ya padeció algún desagradable episodio con el consejero Adrián Fernández.

Con la llegada de este fatídico 2020 las discrepancias se dispararon como se podía presagiar, de hecho quedaron más que patentes con las sorprendentes palabras públicas de Serrano durante la presentación de su primer fichaje invernal, el hondureño Luis Garrido. La marejadilla era una realidad más allá de la vivida entre bambalinas en las últimas semanas de diciembre.

El culebrón final

Desde entonces hasta esta primera semana de mayo la travesía en el desierto fue a más. Curiosamente durante estos cuatro meses del año nunca se pudo tomar una instantánea pública en la que se viera juntos a Serrano y Juanito, que parecían evitarse en sus apariciones en los entrenamientos en la Ciudad Deportiva. El pucelano no la volverá a pisar, porque ya es historia del Córdoba CF, aunque en los tribunales de justicia se dejará notar, mientras que Juanito es el presente y futuro al que se encomienda el club para volver al fútbol profesional. Es el nuevo director de orquesta por encima del entrenador, cuyos designios marcarán los del cordobesismo, para bien o para mal, como dice su himno.

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One Comments

  • GAUSS53 03 / 05 / 2020 Reply

    De las infinitas parejas de entrenador y director deportivo que han ido de la mano en nuestro club es curioso que ninguna ha triunfado

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