El vodevil y las astracanadas

Se muere. El Córdoba fenece con destino a Segunda B. Ese único rumbo que curiosamente no contempla José Carlos González, porque él y su profesionalizada plantilla de familiares no estará entonces para saber los que es convivir en el pozo del fútbol que bien conoce el cordobesismo más fiel. En estos casi cerca de siete años en Córdoba, González siempre actuó de la misma forma, diciendo una cosa y haciendo otra o la contraria. El viernes pasado echó el cierre a la venta hasta junio y su argumento para hacerlo fue terminar con el vodevil en el que se había convertido la operación. Un sainete o circo.

Es curioso que el rey de las astracanadas eche el telón a uno de los momentos claves en los dieciocho años de historia del Córdoba CF SAD. El mismo que se escondió en el maletero (eso no lo dijo el viernes) de un coche para comprar el club a Prasa, que ofreció El Arcángel para acoger la final de la Copa del Rey o el que ordenó cachear a sus propios accionistas, incluidos dos expresidentes, aunque luego se arreglara con alguno. El mismo que autorizó montar un castillo hinchable en un estadio municipal El Arcángel para que sus nietos y amigos celebrasen un cumpleaños. Estos no producirían seguramente daños en el césped, como los que sufrió la Ciudad Deportiva y por los que se iba a llevar al equipo a entrenar en Sevilla.

Fletar autocares gratis, pero que los aficionados pagasen el peaje. Hacer un fichaje en enero (Eddy Silvestre) como regalo a la afición, no porque hiciera falta. Ningunear a un entrenador a las puertas de El Arcángel en verano a las 4 de la tarde con un notario. Mandar a la última fila del palco al presidente de honor en un partido de Primera, porque vino a entrevistarle una televisión nacional, pero reclamar su presencia en las ofrendas florales a San Rafael para hacerse la foto junto a él. O ratificar a Ferrer y calificarlo como el mejor entrenador del mundo, para echarlo una semana después.

Y esos vetos a todos los medios locales (con los nacionales no se atrevió), justificándolos como racionalización de las acreditaciones. Cobrar entradas a bebés y hasta desmentirse a sí mismo en comunicados oficiales como la penúltima, porque habrá última.

Son tantos actos y acciones surrealistas de auténtico vodevil, que utilizar ese término para aparcar una venta no tiene calificativos o precio. Eso sí, a nadie debe sorprender un personaje que tras ganar 5-0 al Reus llegó a afirmar que “ésta es la imagen real del Córdoba”, para comenzar entonces a arrepentirse de la venta horas después de echarse al bolsillo un millón de euros. Hasta el punto de que antes de que la compraventa entrara en parálisis y los más allegados comentaran que si se llega a ganar en El Molinón no vendía seguro.

Ahora, tras acumular dos derrotas consecutivas y lógicas en lo que va de 2018, igual la imagen y nivel de su plantilla es otro. El cordobesismo ve más lejos que nunca la permanencia, porque siendo realistas son 10 los puntos que separan de la ya utopía de la salvación, que lo es tanto con venta como sin ella. Aunque con la primera al menos llegará la paz social y la esperanza de que otro Córdoba es posible. Sin vivir en un continuo vodevil.

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