Sin patrón de juego ni conexión sólo hay un rumbo

Los blanquiverdes confirman su peregrinar en la categoría hacia la nada o un precipicio llamado Segunda B, con un farolillo rojo que vuelve a ser suyo por deméritos propios y en el que anidaron más de la mitad de las jornadas disputadas

Cuando pasaron nueve fechas, como dicen en Argentina, y un equipo ha sido colista en más de la mitad de las jornadas, nada es por casualidad. Con veintiún goles en contra, trece de ellos lejos de El Arcángel, supera la sangría del pasado curso cuando ya era difícil hacerlo peor. La realidad muestra seis puntos frente a los nueve que se sumaban la temporada anterior con un Luis Carrión que cayó en la décima jornada tras aquel vergonzante 1-5 de Nástic. Y el próximo sábado viene el Dépor…

La imagen de la escuadra de José Ramón Sandoval es de un equipo inconexo, que no cree del todo en lo que hace, con independencia del discurso del madrileño y de que su comparecencia en Pamplona fuera la mejor de sus cuatro salidas, algo que no era nada difícil.

Podrá haber o no cama y hasta literas, pero la secuencia desde el final del verano al inicio de otoño deja en evidencia que este grupo no trabaja bajo una idea común, o al menos no sabe manifestarla sobre el verde cada domingo. Por todo ello el objetivo -que curiosamente fue reconocido hasta por Sandoval muy al principio de la liga- debe ser llegar al invierno con un hilo de vida, con al menos una respiración asistida que permita albergar las esperanzas que esta eterna Segunda División otorga. Porque hasta las diez jornadas finales nada hay decidido si no llegas muerto a ellas.

Alguien tiene que hacer virar el rumbo, que ahora mismo sólo conduce a la ciénaga. A ese pozo en el que peregrina el Decano, más aún cuando después de setenta minutos correctos te meten de nuevo al final otros tres. Ese común denominador que se lleva la red blanquiverde lejos de su Reino.

Lo único bueno, desde el punto de vista de los profesionales, es que esta semana no hay tiempo para lamentaciones, porque el martes llega la Copa con el regreso a uno de los estadios clásicos. En el Martínez Valero espera el Elche de Javi Flores, aquella perla de Fátima que ahora es fijo con los ilicitanos. La tierra de las palmeras debe ser la segunda tabla de salvación como lo fue el Almería, pese a que las vidas extras se agotan.

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