Una victoria como una Catedral del Córdoba en Bilbao (0-1)

Primer triunfo en el regreso a Primera División en un escenario soñado | San Mamés se rindió ante un conjunto blanquiverde superior en la primera parte y muy serio en la segunda | Marcó Ghilas que completó su mejor partido y Borja García se marchó lesionado

Los jugadores del Córdoba celebrado el gol de Ghilas que dio el triunfo en San Mamés ante el Athletic de Bilbao.

Los jugadores del Córdoba celebrado el gol de Ghilas que dio el triunfo en San Mamés ante el Athletic de Bilbao con Mikel Rico contrariado en primer plano. Foto: Alfredo Aldai-EFE / Óscar Villaverde

José Luis Pineda

Bilbao parecía Gijón. El Córdoba llegaba muerto y casi enterrado por muchos. Un largo viaje donde sólo habitaba el pesimismo y la derrota. Al fondo, la Historia de un equipo centenario, un obstáculo imposible de esquivar. El lugar donde se esperaba la sentencia fue el sitio donde renacieron los sueños. Bilbao fue Gijón.

Fueron sólo cinco minutos en los que el Córdoba fue lo que todo el mundo esperaba que fuera, un rival menor, tímido y acobardado aguantando las acometidas del Athletic. Tres córners botaron los leones que salieron enfurecidos. Pero fueron sólo cinco minutos. A partir de entonces, el Córdoba dejó de ser lo que todos esperaban y empezó a ser un equipo de verdad.

Se desembarazó de la presión del Athletic a base de calidad. Lo nunca visto. Tocaban y tocaban en el medio los blanquiverdes haciendo las posesiones eternas para lo que se estaba acostumbrado, así, sin el balón, los locales se desactivaron y comenzaron los mejores minutos del Córdoba que ganaba confianza con el balón y los minutos. Ghilas barruntaba algo, en el dieciséis apuró una jugada hasta la línea de fondo y le dio el pase de la muerte a Borja pero la estirada de De Marcos impidió el gol.

El histórico gol de Ghilas

Eso sí, seis minutos después, el argelino aprovechó un pase fallido de Iturraspe para driblar a Gurpegui y plantarse en velocidad mano a mano con Iraizoz, a quien batió por bajo. Golazo del argelino que demostró calidad, velocidad y definición.

Desde el gol, los blanquiverdes pusieron a prueba su vértigo y demostraron haberlo controlado. Lejos de encerrarse atrás a defender el gol conquistado, siguieron el plan que les había llevado hasta allí. Abel omnipresente en el medio, Fidel era el pivote perfecto con el que todos querían tirar un pared y Borja destocado de su chistera repartiendo clase y juego. A través del madrileño se canalizaban las esperas y las prisas, en definitiva, el ritmo del partido. Ghilas descosía carreras al espacio y volaba bajo la lluvia que mandaba San Mamés. Balón como receta para desorientar a un Athletic desencajado. Hasta el descanso, un solo tiro a puerta de Beñat que llegó mansito a las manos de Juan Carlos en el límite del entretiempo.

En la segunda mitad cambió el guión y el Athletic salió con todo a buscar el resultado. Sometió al Córdoba que ya no conseguía conservar la pelota pero los de Djukic tenían carácter, quizás el sentirse muertos, el sentir que ya nadie confiaba en ellos les dio la palanca que necesitaban para poner a cada fase del partido justo lo que necesitaba. Cuando el Athletic achuchó, cuando no pudo tener el balón, el equipo de El Arcángel apretó los dientes y desdobló su intensidad. Metido atrás, daba la impresión de que se le haría muy largo el partido.

No fue tanto así. Valverde movió el banquillo pronto y con la entrada de Sola por Aurtenetxe se jugó el todo por el todo cuando todavía faltaba un mundo. Ese cambio provocó un desajuste que el Córdoba aprovechó para lanzar dos contras fulminantes en dos minutos. En la primera, Borja acarició un balón para romper la línea de fuera de juego y dejar solo a Campabadal frente a Iraizoz. El catalán tuvo tiempo de pensar por dónde quería tirarla, de tomarse un café, pagar la cuenta y, finalmente, lanzarla a las nubes desperdiciando la que tal vez sea la ocasión más clara que va a tener en su carrera deportiva. Acto seguido fue Ghilas el que aprovechando de nuevo su velocidad se plantó en la portería vizcaína. Forzado, Iraizoz le sacó el balón a córner. El argelino estaba completando su mejor partido con el Córdoba, mostró calidad, una velocidad endiablada, dio pausa cuando el equipo lo necesitó e hizo el gol que a la postre sería el de la victoria.

El Athletic apretó pero sin ocasiones, los blanquiverdes conformaron el muro de la ilusión, el muro del ya está bien, el muro de no va a pasar una jornada más. Lo construyeron minuto a minuto con la argamasa de la ilusión, de una intensidad renacida, de un equipo al que la solidaridad le rebosaba a borbotones. Se acabó la fatídica cuenta que sumaba jornadas sin ganar. Llegó el punto y aparte. Llegó el triunfo. La bisagra que abre la puerta de la esperanza. Lo hizo en el mejor escenario, en la Catedral del fútbol mundial, en uno de esos guiños que el deporte regala siempre a los equipos que son especiales.

FICHA TÉCNICA

0. – ATHLETIC CLUB DE BILBAO: Iraizoz; De Marcos, Laporte, Gurpegui, Aurtenetxe (Sola, m. 67); Iturraspe, Mikel Rico, Muniain, Beñat (Iraola, m. 46); Williams (Susaeta, m.46), Viguera.

1. – CÓRDOBA C.F: Juan Carlos; Campabadal, Íñigo López, Pantic, Pinillos; Abel (Ekeng, m. 72), Deivid; Borja García, López Silva, Fidel (Crespo, m. 65); Ghilas

ÁRBITRO: Jaime Latre (Colegio Aragonés) amonestó a los locales Iturraspe (m. 52), Laporte (m. 81), Iraizoz (m. 83) y Muniaín (m. 93), así como a los cordobesistas Luso (m. 75), Campabadal (m. 80), Borja (m. 82), Pinillos (m. 87), López Silva (m. 90) y Juan Carlos (m. 93)

GOLES: 0-1: Ghilas, m. 22

INCIDENCIAS: Partido de la decimocuarta jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio Nuevo San Mamés, con terreno de juego en perfectas condiciones pese al diluvio universal bajo el que se disputó, donde se bañaron de gozo unos 1.500 cordobesistas entre los 43.000 espectadores que asistieron al partido.

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