El infinito tiempo de desunión blanquiverde

Hasta cuatro bandos se pertrechan en torno al Córdoba CF, desde el propio club hasta el liderado por Carlos González, pasando por la trinchera de Luis Oliver y los suyos, más la que conforma un sector del propio cordobesismo

Conocido es que este Córdoba CF genera en su día a día más noticias en el plano extradeportivo que en el que debería ser el más habitual, es decir, sus informaciones deportivas. Desgraciadamente éstas escasean más allá de los partidos o los habituales cambios de entrenador, cuando no son de sus directores deportivos, ya que de Luis Oliver se pasó a Berges en menos de un año y Alfonso Serrano no parece que vaya a llegar a final de temporada por la tentación que le llega desde Oviedo y de la que se hace eco este jueves La Nueva España.

Quizás lo que mejor resume la actualidad blanquiverde es que cada cual antepone sus intereses personales a los de la entidad, y esto no es algo nuevo en el club cordobesista, sino que viene de lejos, se podría decir que desde que se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva (SAD), allá por el 2000, cuando Rafael Gómez llegó a la poltrona aclamado por el personal, igual que lo hiciera en enero de 2018 Jesús León, y de esto último no hace tanto, aunque ya nadie se acuerde.

La unión de los diferentes actores que rodean al supuesto primer club de la ciudad y la pronvicia nunca estuvo precisamente presente, y resulta curioso encontrarse estos días los vestigios de aquella pancarta que ordenó diseñar Alejandro González, el desaventajado hijo del anterior máximo accionista, porque las acciones del Córdoba CF SAD no son de Azaveco, sino que sólo tiene una pignoración de las mismas, término bien distinto a lo que se vende desde la capital de España.

El tiempo de unión blanquiverde hace mucho tiempo que no existe

El tiempo de unión cordobesista hace mucho tiempo que no existe

Si cualquiera se da un paseo por la denostada Ciudad Deportiva, en su inacabada grada (y van ya más de quince años en precario), uno se puede encuentra los restos de aquella pancarta con la que un buen día a finales de noviembre de 2017 aparecieron los empleados del club junto a su presidente y los propios jugadores del primer plantel escenificando una necesaria pero inexistente unión. Es tiempo de unión, rezaba aquella leyenda que fue apertura de todos los periódicos locales.

Verla en estos días desgastada y tirada por los suelos, asida solamente por una de sus esquinas a la insegura valla que separa el terreno de juego del graderío, es sin duda el mejor ejemplo del punto de desintegración, que no de desaparición, en el que se encuentra el Córdoba CF SAD.

Los empleados y la plantilla del Córdoba CF, con el presidente, Alejandro González, intercalado junto a ellos sosteniendo aquella pancarta

Los empleados y la plantilla del Córdoba CF, con el presidente, Alejandro González, intercalado junto a ellos sosteniendo aquella pancarta

El último de los personajes en aparecer en el circo blanquiverde es el nuevo abogado del club, Enrique Rodríguez Zarza. No sólo hay que analizar sus dos ruedas de prensa, sino que con un simple paseo por su perfil de facebook queda todo dicho al ver publicados los dos vídeos que su ayudante en el club, Fran Pérez, le grabó en la preliminar de su última comparecencia pública, con banda sonora incluida de Rocky, sabedor de que se enfrentaría a una situación lo más parecida a un combate de boxeo en sentido metafórico. En el mismo se puede observar cómo hizo entre risas el paseíllo desde las oficinas del club a la sala de prensa acompañado por Miguel Romero, el sustituto de Magdalena Entrenas al frente del equipo femenino.

Las trincheras del Córdoba CF

Sin duda el granadino representa la última de las trincheras cavadas en torno al club, la suya desde el propio interior y con la oficialidad por bandera, en su caso para defender a Jesús León de los furibundos ataques llegados desde el exterior. Todos tienen su verdad, pero ninguno la absoluta, porque tan falta de veracidad hay en muchas de los actos del motoreño, como la que desdeñan las actuaciones de Carlos González, Luis Oliver y los suyos, o la de un sector del propio cordobesismo, una facción de la afición, que no llega al millar, y que también percute desde las redes sociales día a día, amén de pintadas y cartelería como las aparecidas esta semana en El Arcángel.

En otro punto se encuentra un mayoritario grupo de cordobesistas, el de toda la vida, que en la actualidad se podría cifrar en alrededor de unos 8.000 fieles abonados a los que sólo les interesa que su Córdoba gane partidos y así algún día lo pueda volver a ver en el fútbol profesional. De ellos pocas noticias se tiene, más allá de su pesadumbre y chirriar de dientes interno viendo el deambular de su equipo.

No me olvidaré de los medios de comunicación ni los dejaré al margen, porque su influencia en todos los actores descritos es crucial. De hecho las principales trincheras (León, González y Oliver) lo usan sin pudor, y entre ellos nos encontramos de todo, desde los dos extremos de las posturas, la oficial de la actual propiedad y la anterior, y en medio de ellos una mayoría aburrida de una situación de hartazgo máximo.

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