El Mensajero y aquel adiós al ascenso del Córdoba entre maletines viajeros

En el Silvestre Carrillo se sepultaron los sueños del club de Rafael Gómez de subir a Segunda en 1995, con Víctor Bermúdez y Ángel Rodríguez de especiales emisarios para un partido que ni así se pudo ganar a los de Pacuco Rosales

El canario Víctor Bermúdez, el primero sentado a la izquierda en aquella plantilla del Córdoba 94-95 con su paisano Ángel Rodríguez en la fila superior.

El canario Víctor Bermúdez, el primero sentado a la izquierda en aquella plantilla del Córdoba 94-95 con su paisano Ángel Rodríguez en la fila superior.

Los 67 años de historia del Córdoba CF han dado para mucho. Conocido es que las alegrías siempre fueron menores que la desgracias en un club marcado por su sino de sufridor. Y en ese largo recorrido se encuentra un capítulo con el Mensajero, el próximo rival liguero, que da mucho que contar. Fue en la temporada 1994-95, cuando los blanquiverdes se proclamaban campeones del Grupo IV de la antigua Segunda B. Jugarían aquel antiguo play-off que en realidad era una liguilla de cuatro equipos en el que estaba el conjunto canario junto al Castellón y el Sestao.

Los cordobesistas visitaban el antiguo estadio Silvestre Carrillo un 21 de junio de 1995, en el que era quinto partido de aquella competición. Sólo tenían seis puntos en su haber, tras caer en sus dos primeras salidas a Castalia y Las Llanas. Sus opciones de ascenso pasaban por ganar los dos últimos partidos, ambos ante el conjunto de la Isla Bonita, justo después de destituir a Crispi. Un tándem de urgencia en el banquillo con Juan Verdugo y Manolín Cuesta buscaba uno de aquellos exigidos ascensos por Rafael Gómez y que el Córdoba nunca consiguió bajo su presidencia.

El frustrado reencuentro de los ex

En la campaña anterior ya había caído el conjunto blanquiverde ante el Mensajero, y de forma rotunda, por 3-0, con dos goles de un joven Víctor Bermúdez, que al final de esa temporada acabaría fichando por el Córdoba. El otro rojinegro que llegó fue el centrocampista leonés Ángel Rodríguez. De manera que aquel Córdoba tenía a dos buenos embajadores de la isla. Además, aquel Mensajero contaba con un excordobesista, el fino centrocampista onubense José Antonio Márquez, que había defendido la blanquiverde en la temporada 1992-93.

En aquella época de tejemanejes malolientes, los maletines campaban por casi todos los estadios del fútbol español. Se había establecido que los clubes que no primaban eran precisamente los que no conseguían sus objetivos. Y se cuenta que en aquel vuelo a La Palma alguno había preparado Rafael Gómez, además de la alineación, con dos posibles emisarios y otro posible receptor para hacer el trato. Pero la operación no salió bien. Con un presidente metido a entrenador no se podía esperar otro resultado.

Estéril expulsión

La leyenda dice que, como era imposible entre dos equipos jugándose tal logro deportivo buscar algún acuerdo, se iba a por algún integrante en concreto. Casualidades de la vida, en el minuto 66 Márquez veía su segunda amarilla y acababa siendo expulsado. Pero el Córdoba, que ya iba perdiendo con un tanto de penalti transformado Rafa en el minuto 54, veía como en el 71 recibía la roja Juanito, a manos del histórico colegiado Pérez Lasa, que acabaría llegando a Primera División. El 1-0 acabaría siendo definitivo para cercenar cualquier opción matemática de ascenso blanquiverde.

Al acabar el partido el rostro de un contrariado Rafael Gómez lo decía todo, impotente ante los primeros palos con los que le iría castigando el mundo del fútbol frente a su entonces exitosa trayectoria empresarial. El dinero no lo era todo aquí y sus fracasos se amontonarían temporada tras temporada pese a sus buenos deseos. Al año siguiente el Levante, del luego director deportivo cordobesista Juan Carlos Rodríguez, y Valle Gil se cruzaron en el camino y en la 1996-97 fue el Elche, tras un partido clave contra el Deportivo B que acabó 1-4 entre acusaciones de venta de Gómez a varios de sus jugadores, que salieron del equipo en verano.

Otro ascenso frustado

El de La Palma fue el primero de aquellos ascensos frustrados, ante un equipo dirigido por un entrenador leyenda en Canarias y que también tuvo un sonoro enfrentamiento y destitución años después por parte de Rafael Gómez en el Córdoba, Pacuco Rosales. Mientras, quienes sí acabarían ascendiendo con el tiempo fueron Víctor Bermúdez, que tras firmar trece tantos fichaba por el Alavés para jugar en Segunda A, y Ángel Rodríguez, incluso con una carrera más prolífica, hasta llegar a Primera para jugar con el Sevilla y Osasuna tras pasar por Las Palmas y Numancia en la categoría de plata.

El domingo, siempre y cuando el volcán de La Palma no lo impida, las circunstancias serán otras bien distintas, pero este duelo con el Mensajero recuerda que la Isla Bonita que ahora languidece no lo fue precisamente para los blanquiverdes.

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