Las enormes diferencias con el último descenso del Córdoba a Segunda B

La caída en el año del cincuentenario, 2004-05, fue rozando el milagro, mientras que ahora sucumbirá a cinco jornadas del final

Andrés caído en el suelo en presencia de Piovaccari y Campabadal

Paco Jiménez

El repaso del Lugo el pasado domingo terminó virtualmente con las opciones de permanencia del Córdoba en Segunda División. Antes o después dentro de las ocho jornadas finales terminará cayendo y verá finalizar una etapa de cuatro temporadas en la categoría y de doce  consecutivas en el fútbol profesional. Pero si eso es duro, más aún es la incertidumbre que rodea a la entidad, desconocida para toda una generación.

En situaciones así, suele acudirse a los últimos precedentes, en este caso a la temporada 2004-2005, la última en la que el Córdoba vivió un descenso a Segunda B, porque nada tiene que ver caer desde Primera a Segunda, como pasó en 2015. Y un pequeño repaso a lo que pasó entonces garantiza que ésta es una situación mucho más preocupante, sin dejar de recordar que entonces tampoco se atinó a la primera ocasión, en la que ni siquiera se dio la clasificación entre los cuatro primeros para jugar el play-off y tener la opción de regresar.

En lo deportivo, aquel descenso va a ser muy diferente a éste, salvo cambio radical del plantel de este año. Aquella vez se venía en remontada, partiendo de una diferencia insalvable, pero los jugadores cayeron como héroes e incluso varios de ellos se quedaron en el equipo de la siguiente campaña. Ahora parece complicado que no haya que hacer tábula rasa entre los que mancharon el escudo y la venta de los activos que queden para buscar ingresos que harán falta. En los despachos, se mantenía la misma dirección deportiva, con la garantía de un buen trabajo desde el mercado de invierno anterior, aunque la concesión de un poder total a Juan Carlos Rodríguez salió rana: hubo grandes fichajes, pero a precios desorbitados, y el leonés se marchó por la puerta de atrás, con una supuesta baja médica en lo que fue una huida en toda regla que acabó en despido.

En lo social, el cordobesismo no abandonó a su equipo ni en los últimos partidos de Segunda ni en la campaña de abonados de esa temporada 2005-2006. Se premió la lucha de un equipo que en realidad era diferente en una gran parte al que hizo el ridículo en la primera vuelta de la campaña anterior. Ahora, el lógico hartazgo con la gestión del club va a hacer a mucha gente bajarse del barco, aunque habrá que ver luego cómo se desarrolla el verano. Una gran parte de los abonados seguirán ahí porque su Córdoba está por encima, aunque otra cosa será la asistencia y el apoyo.

Sin embargo, el problema más serio, el motivo de preocupación real, es lo institucional y económico. Entonces había un presidente de consenso y valorado por la afición pese al descenso, Enrique Orizaola, y una seguridad en el accionariado, pese a las peculiaridades del triunvirato que formaron Rafael Gómez, José Romero y Ángel Marín. Ahora Jesús León, a la sazón presidente y ya en el punto de mira de todas las críticas, como se vio el pasado domingo, tiene que afrontar un pago de 4,5 millones de euros al final de julio a Carlos González para llegar a ser de manera real dueño de la entidad, con el precedente del pasado verano, cuando tuvo que retrasar y renegociar uno notablemente inferior de 2,5. En cuanto a lo económico, y pese a que entonces la situación fue grave, con unas pérdidas históricas hasta el punto de tener que minorar acciones a valor 0 euros y proceder a un nuevo proceso de compra de títulos, ahora la sensación es peor, con retrasos en el pago de nóminas a jugadores y empleados e innumerables incumplimientos con proveedores y procesos judiciales heredados y creados.

Aunque es cierto que en aquellos años el Córdoba logró ascender al segundo intento, en un momento decisivo para la historia de la entidad de la mano de Rafael Campanero, lo cierto es que en la primera temporada el ruido fuera de lo deportivo condujo al fracaso. Y el caldo de cultivo, el punto de partida, era infinitamente mejor que el actual. Mucho va a tener que mejorar la gestión de la entidad para sortear la infinidad de dificultades que se aproximan en cuestión de unas semanas.

 

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