El Córdoba, herido en el campo de batalla de Jesús León y Luis Oliver

El proceso cambiario de Bitton Sport, y que junto al requerimiento de pago conlleva un embargo preventivo -no ejecutivo-, fue una fórmula terriblemente dañina para la entidad en la faceta deportiva y que demuestra el interés cero del navarro por el club, pese a la enorme responsabilidad del presidente cordobesista en lo sucedido desde el principio al final del caso

Luis Oliver hablando con jugadores del Córdoba y López Ramos en el Extremadura-Córdoba de febrero. Autor: Paco Jiménez

Luis Oliver hablando con jugadores del Córdoba y López Ramos en el Extremadura-Córdoba de febrero. Autor: Paco Jiménez

El Córdoba CF vive hoy un día de impasse, por ser festivo, dentro de su carrera para pagar sus deudas (Sandoval y Curro + Viasport + Córdoba B) y poder competir el próximo año en Segunda B. Un proceso en el que se ha encontrado una traba muy importante por la reclamación judicial de Luis Oliver por su indemnización por despido, y que fue, como adelantó ABC Córdoba, por lo que se denomina un juicio cambiario. Un proceso por la vía civil ligado a la imposibilidad de cobrar una deuda por pagarés y que tiene una doble medida: un requerimiento de pago y un embargo preventivo de los bienes.

Para que no haya dudas en lo que va a venir en cuanto a análisis de una situación bastante compleja, con necesidad incluso de algo de formación legal, vaya por delante decir que Jesús León es responsable, y habría que decir también que culpable, de lo sucedido en este caso. En términos absolutos, tanto por aliarse con Oliver como por su decisión de despedirlo de la manera en que lo hizo, sin saber medir el enemigo que se creaba. En términos de lo que ocupa, por usar pagarés que la otra parte no pudo cobrar y por tener unos servicios jurídicos que no previeran un golpe así, planteado un 30 de julio, dos días antes de un agosto inhábil en lo legal pero en plena ebullición en lo deportivo. Y además, por no haber solventado todas las deudas con la Federación de manera mucho más veloz y haber tenido ya inscrito al equipo, cuando gran parte del plantel estaba cerrado a mitad de julio.

Sin embargo, eso no quita para decir que este proceso deja también a las claras, para los ilusos que aún creen que un futuro con Luis Oliver no sería tan malo en comparación con León, que al navarro y a sus adláteres no les importa el Córdoba CF como entidad deportiva en absoluto. Un club herido en un campo de batalla de intereses personales, donde, buscando una salida por las bravas del montoreño, se juega a la vez con 65 años de historia. Oliver no ha buscado cobrar su indemnización, sino que ha intentado colapsar al Córdoba. Incluso mintiendo al hablar de levantar el embargo en caso de una dimisión de León, algo que no hubiera sido posible como tal porque forma parte del procedimiento iniciado. Y desde luego, sin actividad judicial en agosto, seguro que tampoco antes de inscribir a los jugadores el día 23. Por no hablar del imposible escenario planteado, porque hubiera sido aceptar lo inaceptable.

¿Qué es el juicio cambiario?

Son muchos los cordobesistas qué preguntan en qué situación exacta está el club en estos días en relación a ese embargo, más aún viendo que pagos se están haciendo desde luego, pero para responder a esto hay que dar algún detalle primero de qué es un juicio cambiario. Según la web de CSF Consulting, se trata de un instrumento en manos de un acreedor para, en última instancia y tras haberlo intentado por la vía amistosa, intentar cobrar una deuda. El acreedor podrá reclamar judicialmente al deudor el pago de una deuda si está documentada bien por cheques, por letras de cambio o por pagarés, si reúnen los requisitos que establece la Ley Cambiaria y del Cheque. La reclamación se hace mediante una demanda breve y concisa a la que necesariamente hay que adjuntar el título y que ha de finalizar con la petición propia de este tipo de procedimiento: el requerimiento de pago al demandado y el paralelo embargo de bienes.

Luis Oliver el día de su despedida en la sala de prensa de El Arcángel en julio del pasado año

Luis Oliver el día de su despedida en la sala de prensa de El Arcángel en julio del pasado año

Si la demanda se admite a trámite, algo que debió pasar sin que el Córdoba se enterase del asunto, se cumple con esos dos pasos: un requerimiento de pago al demandado en el plazo de 10 días, por un importe total que incluye el principal del título y los intereses de mora, gastos y costas; y un embargo preventivo de bienes, por el importe total antes mencionado y para el supuesto de que el demandado no atendiera el requerimiento de pago.

En el caso que nos ocupa, Bitton situó en 1,2 millones de euros el valor de su demanda en concepto de indemnización y en otros 600.000 los intereses. Y se aplicó un embargo por esa cantidad, sobre partidas como la ayuda al descenso de la LFP, los traspasos de Sergi Guardiola, Andrés Martín, Javi Galán o Kieszek, los ingresos por abonos, el dinero pactado en patrocinios e incluso las ventas de la tienda del club. Lo curioso de todo esto es que según la versión de León y del club, los pagarés que se le dieran a Oliver nunca debieron alcanzar la cantidad total que se pide, porque desde el club se estima que la deuda con el navarro es menor. Cuesta entender cómo un juzgado acepta una petición superior a los pagarés no cobrados, salvo que el Córdoba sí le diera a Oliver pagarés por 1,2 millones de euros.

¿Embargados o no?

En este punto hay que recordar que el Córdoba CF negó estar embargado, lo que, a la vista de estos datos, no es incierto del todo pero tampoco preciso. Sí hay un embargo, pero de carácter preventivo, no ejecutivo ya. El asunto es que en cualquier otro caso de un proceso cambiario, y así lo manifestó el Córdoba, el club habría dado el paso normal. Aunque evidentemente está la opción de pagar sin defenderse o de solicitar el alzamiento del embargo (sólo en el supuesto excepcional de negar el carácter auténtico de la firma o la carencia de poder de representación), la respuesta hubiera sido presentar oposición: en los diez días que tiene para atender el requerimiento, el demandado puede oponerse mediante otra demanda. Lo que pasa es que esta vez no podía hacerlo hasta septiembre, cuando se retoma con normalidad la actividad judicial, pero cerrada ya la inscripción de los jugadores. Precisamente, este argumento, el hecho de que no poder usar recursos del club sometidos a ese embargo preventivo impediría mantener su actividad, causaría un descenso y seguramente entrar en proceso de posterior liquidación por no atender pagos del Concurso de Acreedores, perdiendo valor los bienes y seguramente generando un impago definitivo, ya debería ser suficiente para que haya soluciones alternativas.

La tramitación de la oposición daría lugar a una vista ante el juez, de acuerdo con las reglas del juicio verbal. En ella se invierten las posiciones de las partes, de forma que el demandado cambiario es el actor y el actor cambiario es el demandado. Y habrá una sentencia, en la que se puede estimar totalmente la oposición, acordando levantar el embargo, desestimar totalmente la oposición, manteniendo el embargo preventivo, o estimar parcialmente la oposición, con los pronunciamientos que el juez considere oportunos.

El club dijo en su comunicado del viernes pasado que el origen de todo era una reclamación de cantidad por parte de Oliver “con la que el Córdoba CF, en defensa de sus intereses, no está de acuerdo y contra la que ya prepara desde hace días la correspondiente respuesta en los juzgados, a principios de septiembre”. El asunto es saber si esta frase se refería a este proceso y al hilo de los pagarés entregados, o a una demanda judicial diferente, dentro de la farragosa situación de la entidad.

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