La ambición extrema por un ascenso, el discurso que nunca funcionó en el Córdoba

Las palabras de Miguel Valenzuela o Juanito en la última semana suenan parecidas a las de otros dirigentes de épocas pretéritas de un club que, en cambio, consiguió sus éxitos más relevantes cuando casi nadie lo esperaba

“Aquí hay que ganar sí o sí, cuando empatemos estaremos todos amargados”. “Hay que ascender como sea, este club no puede estar en Segunda B”. “No nos podemos permitir otra temporada así. Este año íbamos quintos o sextos y parecía que no pasaba nada”. Son frases que en la última semana se han podido escuchar en boca de los grandes responsables deportivos del Córdoba CF para la campaña que llega, Miguel Valenzuela y Juan Gutiérrez “Juanito”, en lo que ha sido toda una declaración de intenciones para lo que viene. Para el entrenador y los jugadores que están y para los que vendrán.

Que el Córdoba sale con una presión diferente al resto estando en Segunda B es algo admisible, como que el objetivo deberá ser siempre el máximo, regresar a la categoría profesional. Pero ese discurso recuerda al de otras épocas, en el que el listón fue el máximo y las expectativas igual, como más grande fue el fracaso.

En el Córdoba normalmente hablar sin ambages de aspirar a un play-off o a un ascenso ha resultado casi siempre contraproducente. Y, lo que es más curioso, la historia demuestra que fue cuando eran los más los que no daban un duro por el equipo cuando se logró el salto de categoría. Curiosidad sería una vez, cuando tanto se repite no.

Nadie puede olvidar las otras épocas de Segunda B, sobre todo en los 90 con Rafael Gómez de presidente. Aspiraciones de abandonar el ‘pozo negro’ también sí o sí, hasta anunciando marcar 100 o 150 goles por temporada. La realidad es que, con plantillones soberbios y varios play-off fallidos a las espaldas, el fin a la travesía del desierto de Segunda B se dio el año de las mayores estrecheces económicas y con mayoría de gente de la tierra, en 1999.

Con el mismo protagonista al mando, y ya en el siglo XXI, también se intentó aspirar al ascenso a Primera, sin base alguna y pese a la mucha inversión, con el resultado conocido: permanencias y gracias, casi siempre agónicas, hasta caer de nuevo a Segunda B. Allí, otra vez, se terminó saliendo en breve lapso cuando todo parecía perdido: un equipo que pasó de líder a cuarto clasificado por favores de terceros, y que estaba 2-0 abajo al cuarto de hora de la vuelta en la primera eliminatoria. Pero el milagro de Pasarón cambió la historia, de nuevo cuando sólo los más locos creían.

Lo de Las Palmas

Y no hace falta recordar, ya con otros protagonistas, cómo se dio el salto a Primera, más de cuatro décadas después. Tras vender proyectos top de cartón piedra durante dos temporadas, fracasar y estar fracasando hasta el punto de pedir perdón a la afición, una reacción final permitió jugar como séptimo clasificado un play-off histórico, sobre todo por el final en Las Palmas. El que más confirma que el Córdoba asciende cuando nunca se espera.

González Calvo, Valenzuela, Juanito, Infinity en definitiva, quieren emplear la vía de la exigencia, la de la plantilla de alto nivel, la de intentar dejar claro que el Córdoba no puede ser un cualquiera en Segunda B que no dé por malo empatar en Villarrubia. La realidad avisa de que no siempre aplicar la coherencia y la lógica funciona en el Córdoba. ¿Será meter demasiado carbón en la caldera ese discurso desde el segundo 1, desde la pre-pretemporada?

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