La nueva vida de Rocío Sánchez tras su traumática salida de la selección española

La karateca de Peñarroya revela como su sueño internacional se acabó tras 6 años por una discusión con el seleccionador en la que "me trató bastante mal, me gritó e incluso me zarandeó del brazo y delante de todos mis compañeros me puso como mal ejemplo" | Ahora ya vive centrada en su futuro como maestra y entrenadora

Foto: Nuno Gonçalves

Este año era el de los Juegos Olímpicos de Tokio, que pasaron al 2021 por la crisis del coronavirus. En ellos, hasta hace sólo un año y medio, anhelaba estar una de nuestras deportistas, Rocío Sánchez, karateca natural de Peñarroya aunque afincada en Madrid desde hace años. Un día su nombre dejó de estar en el ámbito internacional, en el que se movió con naturalidad desde 2012. Hoy en Cordobadeporte cuenta por qué. Cómo sus sueños se acabaron de manera un tanto traumática.

Rocío recuerda como si fuera ayer que “dejé de formar parte del equipo nacional absoluto en 2018, exactamente el 19 de octubre de 2018, cuando dos días después de llegar a España de Tokio, de preparar el Campeonato del Mundo que tenía lugar dos semanas después, la Federación sacó la lista de convocados para el mismo y mi nombre no se encontraba en ella”. No fue una decisión propia salir de esa convocatoria, pero estaba cantado. “Días antes, en el campeonato de Tokio, llamé una noche a mi madre, llorando, y ya le dije que no estaría en la convocatoria”.

La historia de lo que pasó, tal como la vivió, sobrecoge. “Discutí con el seleccionador y normalmente todo se arreglaba con un abrazo. Ese día me trató bastante mal; me gritó, e incluso me zarandeó del brazo. Delante de todos mis compañeros me puso como mal ejemplo, pero por la noche, después de cenar, me pidió apartarnos un momento para hablar. Me aparté con él, pero lo primero que me dijo fue que cambiase la cara. Por supuesto, yo estaba triste y afectada después de todo lo que había pasado ese día. Por lo que le dije “ahora mismo no me apetece”, a lo que él respondió levantándose de su silla, dándome dos palmaditas en el hombro y pronunciando las palabras “tú misma” y acto seguido se marchó”.

“Ahí, o sigues siempre la corriente y aceptas todo como sumisa, o estás fuera”, lamenta la peñarriblense. “Efectivamente, en el momento en que no cambié la cara (porque no podía tener otra con todo lo que había ocurrido) cuando él quiso, y además así se lo hice saber, me dieron la patada. Ahí sólo eres un peso, no eres una persona. Cuando no les interesas porque no eres sumiso te dan la patada, hay mucha gente que quiere ese mismo puesto, a cualquier precio. Pero callado sólo se puede estar un tiempo, no eternamente”, critica.

Así, “con mi salida de la lista para el Campeonato del Mundo que se celebraba dos semanas más tarde, sin ninguna explicación, sin ninguna llamada, sin nada, se puso fin a la carrera internacional“, recuerda. “Después de esto, en China quisieron darme dietas y pagarme gastos de comida, como si representase a la Federación Nacional. Pero una tiene su orgullo, que vale mucho más que el que ellos sean un soporte económico para poder participar en el Circuito Mundial. Y siempre hay que tener un poco de amor propio y hacerse valer, o valorar. Yo no merecía eso, así que no quería estar en un equipo con gente que trata así de mal al resto”.

Era “difícil, pero no imposible”

Fue muy duro, porque ahí se acababa también la complicada, pero opción al fin y al cabo, de estar en Tokio. “Desde que se anunció que el karate estaría presente en los Juegos Olímpicos de Tokio conseguir esa plaza era el objetivo a largo plazo. Había que ir dando pequeños pasitos en todos los eventos del Circuito Mundial, e ir preparando cada campeonato como si del más importante se tratase siempre, pero con esa meta puesta. Era difícil, pero no imposible. Fue el gran objetivo marcado, descontando meses, días… Pero hicieron que ese objetivo, y todos los internacionales, se desvaneciesen”, lamenta.

Rocío Sánchez en una competición internacional. Foto: Nuno Gonçalves

Rocío Sánchez en una competición internacional. Foto: Nuno Gonçalves

Curiosamente, ahora no serán en este 2020. “Creo que ha sido una decisión difícil pero sensata. No es un campeonato que esté todos los años, que si no sale bien este año se puede volver a intentar el año que viene. Es una competición que se da cada 4 años y todos los deportistas deberían tener las mejores condiciones para prepararlos. Y dada la situación actual, la crisis mundial del COVID-19, los deportistas bastante tienen con poder llevarlo de la mejor forma posible. El confinamiento dificulta el entrenamiento de todos y cada uno de ellos, por lo que la mejor solución era poder aplazarlos. Mantener los entrenamientos que se puedan, que normalmente serán los de la parte física, y cuando todo esto pase, volver a poner esa mira en los Juegos, el objetivo más grande para un deportista”.

“Mi vida se quedó en entrenar físico de 6 de la mañana a 7:15, ducha y al cole, desde las 8 hasta las 17:15; luego clases de karate en la Asociación, clases de Inglés y llegaba a mi casa a las 21:30, muy cansada”

Para Sánchez ahora la realidad ya es otra. Lo es ya desde muchos meses atrás, con influencia ya de la vida personal, justo cuando había iniciado un caminar en el kickboxing. “Después de toda la situación de ir fuera del equipo nacional, ese año seguí compitiendo tanto con la Federación de Madrid como con mi club, KAM. También seguí con mis entrenamientos de kickboxing en el club deportivo José Valenciano, pero en septiembre de 2019 cambió un poco todo. Comencé a trabajar como maestra en un colegio, que es lo que estudié, y en lo que sigo formándome, por lo que no podía dejar pasar esa oportunidad“, cuenta. “Los entrenamientos de kickboxing tuve que apartarlos, ya que no me daban las horas del día para todo”.

Hasta diciembre de 2019 “compaginaba mi trabajo en el colegio con las clases que doy de karate y con mis entrenamientos de karate en el KAM, pero en enero aún cambió un poco más”. “Tuve que apuntarme a una academia para poder titularme el C1 de inglés. Con todo lo que tenía, el único horario que me cuadraba me coincidía con mis entrenamientos de karate, así que ya sólo podía ir a entrenar karate los viernes. Y mi vida se quedó en entrenar físico de 6 de la mañana a 7:15, ducha y al cole, desde las 8 -aunque comenzaba a las 8:30, me gustaba estar antes para preparar cosas del día- hasta las 17:15. Luego clases de karate en la Asociación, clases de Inglés y ya llegaba a mi casa a las 21:30, muy cansada. Así que los viernes, que no tenía ni inglés ni clases en la Asociación, era cuando iba a entrenar en karate”, describe.

Su confinamiento

Ahora, confinados, se piensa en un nuevo futuro. “Entre mis objetivos actuales están tanto el encontrar un nuevo trabajo de maestra, ya que mi contrato de sustitución terminó, como conseguir titularme en el nivel C1 de inglés. En cuanto a lo deportivo mi objetivo es seguir entrenando con mi club, y seguir disfrutando con todo mi equipo. También me gustaría hacer crecer mis clases en la Asociación y si tuviera el tiempo suficiente de entrenar, volver a competir, pero sin el objetivo de entrar en equipo nacional, sino por el simple hecho de disfrutar y hacer lo que me gusta. Y, en la medida de lo posible, volver a mis entrenamientos de kickboxing, ya que me encantaba también”, comenta con una sonrisa.

“Me gusta entrenar, porque es compartir y transmitir mi pasión”

Rocío está pasando estas semanas de aislamiento en casa con sus padres. “De un día para otro los niños dejaron de ir al colegio y en dos días los maestros tuvimos que dejar de ir y cerraron las puertas sin saber hasta cuándo. Igual con las clases de la Asociación. Todo se tuvo que cerrar. Fue muy complicado y sigue siendo complicado, pero creo que lo más duro para mí fueron las dos primeras semanas. Ahora sigue siendo difícil, pero estoy más acostumbrada. Para mantener la forma física hago entrenamientos de Zumba y BodyCombat a veces, pero principalmente, mi entrenamiento físico lo hago con mi profesor de karate. Hace clases online, tanto de karate como físicas, y son mi principal entrenamiento durante este largo confinamiento”.

La cordobesa detalla esa labor formativa con los jóvenes a las que también dedica parte de su vida. “Comencé dando clases en dos colegios de mi barrio. Empecé en ambos con poquitos niños y poco a poco el número fue creciendo bastante. En 2018 un gimnasio de cerca de mi casa contactó conmigo para dar clase allí. Acepté. Pero en junio de 2019 cerraron y como quería seguir dando clases, me vi en la situación de buscar un lugar para dar las clases que daba en el gimnasio. Desde mi Asociación de Vecinos me ofrecieron un espacio donde impartirlas y para salir del paso va bien. Les estoy muy agradecida, aunque en un futuro me gustaría poder contar con un espacio más grande, para poder tener más niños en clase. Es algo que me gusta mucho, porque es compartir y transmitir mi pasión. Del mismo modo que mi profesor me la transmite también a mí. Me gustaría podre crecer como profesora de karate también, y seguir formándome como técnico”, apunta.

“Aunque sin un objetivo de competición, estaré unida al karate por mucho tiempo, siempre que pueda”

Y es que, pese a que la alta competición acabase, el futuro sigue lleno de planes. “Me gustaría estabilizarme en un trabajo de maestra, tener mi contrato fijo y seguir creciendo como profesional en este ámbito, seguir estudiando, especialidades, cursos…Para ser una mejor docente cada día. En la parte de profe de karate, me gustaría también seguir formándome como técnico, y hacer crecer las clases de la Asociación. Poder compartir con ellos mi pasión y experiencia. Y, para poder seguir enseñando, lo ideal es seguir entrenando. Por lo que mi futuro sigue pasando por entrenar en el karate. Por seguir disfrutando con mi deporte. Por seguir aprendiendo de él. Aunque sin un objetivo de competición, estaré unida a este deporte por mucho tiempo, siempre que pueda”, concluyó su desgarrador y valiente relato una valiente Rocío Sánchez.

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