Las Palmas, cinco años después: del olimpo al infierno

El 22 de junio de 2014 el Córdoba logró su último ascenso y fue a Primera, tan lejos ahora recién caído a Segunda B | Fue la gran ocasión perdida, para el club y para casi todos los que jugaron, ahora incluso con situaciones graves o tristes en lo personal

Los jugadores del Córdoba celebrando su ascenso en Las Palmas

Los jugadores del Córdoba celebrando su ascenso en Las Palmas

Hoy es 22 de junio, fecha que no es una más para el cordobesismo. Justo hace 5 años, a esta misma hora en la que se rompe a escribir este texto, las seis de la tarde, arrancaba el partido en el que el Córdoba se sentía más cerca de Primera que nunca. Dos horas después, en un final increíble, un gol de Uli Dávila llevaba al equipo de ‘Chapi’ Ferrer al olimpo.

La entidad blanquiverde lograba en el Estadio de Gran Canaria su último ascenso, a Primera División, una categoría en la que no había estado desde la temporada 1971-72. Pero desde entonces sólo ha acumulado fracasos, y ha vivido dos descensos, en 2015, de vuelta inmediata a Segunda, y en 2019, curiosamente en el mismo recinto en el que celebraba su mayor éxito en décadas menos de un lustro antes.

Fue un ascenso a lo Córdoba. Como tantos otros, Huelva, Ibiza, Valdepeñas, Cartagena, Huesca, fuera de casa, y esa vez con apenas 50 benditos locos en las gradas. El resto, más de 30.000 almas, iban vestido de amarillo. Pero fueron otros locos, de los de verdad, los que reventaron la fiesta preparada para los canarios. Gente colada en el estadio en los últimos minutos provocaron una invasión de campo que Sánchez Martínez, el colegiado, no toleró. Tras siete minutos de parón, obligó a jugar el minuto y pico que faltaba, y entonces, en esa acción inolvidable, Uli llegó desde México para batir a Barbosa y colocar el 1-1 que daba el ascenso por el valor doble de los goles en campo contrario.

Por desgracia, aquel día no cambió, visto en perspectiva, la vida de casi nadie en el Córdoba. Ni la del club, que perdiótristemente la opción de asentarse en la elite varias campañas, algo que sí han podido hacer entidades como Eibar -con un poco de suerte- o Leganés, por citar dos casos, ni la de los 14 futbolistas que defendieron el escudo cordobesista ese día.

¿Qué fue de aquellos héroes del ascenso?

A algunos, cierto es, les llegó la hora de colgar las botas, y ahora dirigen desde el banquillo, casos de López Garai -confirmado hace pocos días como entrenador del CD Tenerife- o Abel Gómez -que hizo la de Luis Aragonés o Emery este curso en el Sanluqueño-. También está en ese camino Iago Bouzón, mientras Juanlu sigue vinculado al fútbol pero dentro del mundo de la representación. A Gunino también se le da como retirado, pese a que cuenta con apenas 30 años. Otros agotan los últimos momentos de su carrera, como Miguel Ángel Nieto, que ha caído este año con el Alcoyano a Tercera, categoría en la que militó con el Tamaraceite este mismo ejercicio López Silva.

Con Arturo jugando para el Sabadell y Pinillos en el Barnsley inglés, a los que mejor les va siguen en Segunda, como Juan Carlos y Campabadal, compañeros ahora en el Lugo, o Pedro y Xisco, aunque quizá ambos puedan ser de Primera. El delantero ascendió con Osasuna y el extremo lo tiene muy cerca en el Dépor. Lo de Uli Dávila es más exótico porque milita en el Dehli Dynamos en la India.

Con todo, dos casos, por diferentes razones, parecen el claro ejemplo de cómo aquel ascenso no trajo una felicidad duradera. El caso más dramático es el de Pelayo Novo, que ahora trata de reconstruir su vida tras precipitarse al vacío en un hotel de Huesca cuando militaba en el Albacete hace dos temporadas. Lo de Raúl Bravo ha sido más truculento, con su presunta implicación como uno de los cabecillas en la trama de la Operación Oikos, de amaños y corruptelas diversas en el fútbol español.

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