Los curiosos paralelismos con la temporada 2005-06

En aquel ejercicio, que también era el primero tras caer a Segunda B, el club cambió de entrenador, otro Enrique, igualmente en la jornada 9, con una plantilla con jugadores de superior nivel decepcionando y una situación social y económica compleja

Quique Hernández, entrenador del Córdoba en la 2005-2006. Foto: El Periódico de Aragón

Quique Hernández, entrenador del Córdoba en la 2005-2006. Foto: El Periódico de Aragón

Suele comentarse, como axioma general, que todo el mundo debe conocer la historia para no cometer los mismos errores y repetirla. Pero en el Córdoba CF suelen vivirse situaciones con llamativos paralelismos cada poco tiempo. Por ejemplo, es llamativo lo que se está viviendo esta temporada en comparación con lo que pasó hace 14 años, cuando el club, o la SAD, como quieran considerarlo, se encontró también cayendo a Segunda B.

Entonces, el Córdoba también apostó por un entrenador con trayectoria esos años en categorías superiores, que bajaba a Segunda B por la historia del club y con ánimo de conducir un rápido regreso. La anécdota: también se llamaba Enrique. El bueno de Quique Hernández duró, como su tocayo Enrique Martín, igualmente nueve jornadas de liga -aunque oficialmente dirigió diez partidos, por uno además de Copa-. Es cierto que entonces la situación era peor todavía que ésta: el equipo sólo ganó un partido y estaba en descenso con 7 puntos. Esta vez la decepción no llega a tanto.

Sin embargo, hay puntos de coincidencia también, salvando las distancias. Aquella plantilla también tenía varios jugadores que se quedaron tras descender, como Pierini, Fredrik, Villa o Txiki, por citar algunos- y también se hicieron apuestas muy fuertes por otros como Verza o sobre todo Javi Moreno. Y la apuesta no resultó hasta que en el mercado de invierno, con algunos retoques, ya sin Juan Carlos Rodríguez en la dirección deportiva sino Rafael Rojas en esa doble labor deportiva y organizativa en el club, el equipo mejoró y estuvo en la pelea por el play-off hasta el final, aunque entones llegó la amarga noche de Almansa con las rebajas.

Incluso hay algún paralelismo, en este caso más lejano porque la gestión de León al frente del club tiene escaso parangón, en cuanto al clima social y a la situación económica. Entonces había un ambiente de mucha división y de crítica al día a día del club por venir de un descenso y los tejemanejes de Juan Carlos Rodríguez, que, tras el fracaso deportivo, terminaría a final de temporada con la despedida de Enrique Orizaola, hombre de consenso que habían buscado años antes Marín, Romero y Rafael Gómez -y con nada que ver en sus formas, comportamiento y trato de la afición con León-.

En lo económico, los altos contratos firmados por Rodríguez, fuera de cualquier presupuesto calculado en Segunda B, y la necesidad de tapar un agujero en las cuentas de 5 millones por una subvención municipal por la cesión del estadio que nunca iba a entrar en dinero líquido, dejó al Córdoba con sus mayores pérdidas de siempre, por encima de los 10 millones de euros, y en una situación crítica que el ascenso en Huesca guiado por la sabia mano de Rafael Campanero logró sortear.

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