Los lastres reales que dejan los González

La lista de cargas que generó la familia, que no existían en junio de 2011 cuando tomaron mando en plaza, harán más arduas las muchas labores que tendrán que acometer Jesús León y Luis Oliver

Carlos González y su hijo Alejandro en una de sus últimas comparecencias públicas juntos.

Carlos González y su hijo Alejandro en una de sus últimas comparecencias públicas juntos.

2018 arrancó con la cuenta atrás de la llegada de Jesús León y Luis Oliver al Córdoba CF, donde tendrán más de un frente que acometer. Días atrás se explicaba lo que supondrá recuperar la masa social, tarea que dentro de lo ardua puede ser la más sencilla, ante las ganas que existen entre el cordobesismo de que su equipo recupere el estatus que merece, levantándose de la vigésima plaza en la que lo dejan los González.

Pero ése no es el único lastre que dejan los González, sino una lista más extensa de lo que se imaginan. De entrada, un inciso en referencia a la noticia de la baja médica de Josema, que desgraciadamente tanta polvareda levantó cuando el único objetivo era informar de la cruda realidad de una lesión grave.

El inciso se refiere al último párrafo sobre la misma, porque de humanos es errar y de sabios rectificar, aún más cuando se observa que la mayoría interpretó el calificativo de “lastre” como asociado al problema del futbolista, cuando no es así. Se explicó mal entonces, porque ni que decir tiene que no es un lastre su afección mental, porque de ésta se recuperará, y así lo deseamos, como de cualquier otra física. El lastre es que sus circunstancias se unían a otras muchas que deja la familia González y que atañen directamente a futbolistas, a los que se les quiere buscar una salida en enero (entre los que ya estaba Josema).

La pegatina que el cordobesismo distribuyó por El Arcángel de los González.

La pegatina que el cordobesismo distribuyó por El Arcángel de los González.

Sigiendo con los deportivo, por ejemplo, ahí está al contrato denunciado de Juan Merino. Los nuevos propietarios está llamados a llegar a un acuerdo con el técnico gaditano, porque de lo contrario se las tendrían que ver en los tribunales. Difícilmente los González resolverán el tema antes del 22 de enero. Otros son los de la deuda que mantienen con la empresa Maroam, la anterior encargada de los ambigús de El Arcángel, próxima a 400.000 euros, o todos los frentes abiertos que existen con distintas empresas de jardinería, sobre todo la de Royal Verd, y que están vistos para sentencia. Enumerando estas situaciones es cuando se puede valorar mejor la frase de “deuda cero” que dice dejar Carlos González en sus oratorias.

También está el tema del desalojo de las instalaciones de la Ciudad Deportiva, propiedad de Tremon, que podría llevar al equipo a verse sin campos de entrenamientos de la noche a la mañana. A eso hay que añadir el incumplimiento de dotar al club de unas instalaciones de entrenamientos propias. Quizás es el que menos preocupe, porque con la experiencia en la materia de León seguro que llegará a un acuerdo e incluso éste puede estar ya en ciernes, porque para su búsqueda no hace falta estar oficialmente dentro del club.

La aversión de los agentes

El otro gran lastre que tiene el club después de seis años de cortijeo es el elevado número de agentes que desde hace tiempo se niegan a trabajar con el club por las comisiones que éste dejó de abonarles. La lista es larga, y a no ser que su representado lo solicite, la mayoría de ellos cierra las puertas al Córdoba. Sin ir más lejos ahí está el caso de Manuel Quilón (Rubén Baraja), Emilio de la Riva (Juan Villar), Joseba Díaz (David Rodríguez) o José Redondo (con Ivi o Pozo, que ahora apunta al Barcelona), por citar cuatro de más de diez casos del mercado nacional.

Con esta última explicación igual se entiende mejor que ciertos jugadores a los que el cordobesismo tomó inquina no vinieran al Córdoba, cuando la razón económica era otra y no sólo la relacionada con los apetecidos fichajes.

Esta es la detallada lista de lastres que heredarán los nuevos propietarios del Córdoba, una relación larga que precisamente no existía en junio de 2011 cuando llegó el señor Carlos González con toda su sapiencia a salvar al Córdoba de su cacareada quiebra técnica y las tinieblas.

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