Otro domingo sin fútbol y los que quedan…

La incertidumbre se apodera del cordobesismo y la vuelta a su reino, como la de cualquier aficionado al deporte, cuyo regreso tras el confinamiento se difumina al de sus equipos a las competiciones sin el calor de los suyos

Las Brigadas Blanquiverdes ondeando sus banderas en el último partido disputado en El Arcángel ante el Cartagena.

Las Brigadas Blanquiverdes ondeando sus banderas en el último partido disputado en El Arcángel ante el Cartagena.

Pasan los días, las semanas y hasta el primer mes sin competición, y cada vez tengo más claro que el fútbol, ni ningún deporte, volverá en este 2020, igual que cuando se paralizó. La maldita crisis del coronavirus detuvo el mundo, a unos antes que a otros, y del mismo modo que cambió nuestras vidas marcará un antes y un después en el futuro regreso de las competiciones -aquellas que lo hagan-. Un retorno cada vez más lejano por mucho que cada día quede uno menos. UEFA, Liga y Federación se empeñan en volver, la AFE no tanto, pero lo que está claro es que si eso sucede algún día de junio, de mayo vayan olvidándose, lo harán en solitario, sin la parte esencial del deporte: sus aficionados.

Los más sensatos por Europa dieron los primeros pasos hacia el fin. Bélgica fue hasta ahora el único país que se atrevió a dar por terminada la temporada, desde Primera hasta la última categoría regional, y en Hungría fue el viernes cuando decidieron dar por concluido su balonmano de élite. Se lo pueden preguntar a nuestro pontano Luisfe Jiménez, y la Asobal no debe estar muy lejos, porque Paco Bustos al menos no ve su continuidad.

En el fútbol sala el presidente del Córdoba Patrimonio de la Humanidad, José García Román, ya avanzó el lunes que lo más sensato sería empezar a planificar el próximo curso, pero el hermano pequeño del fútbol tendrá que esperar la decisión de Rubiales. Y es que en el fútbol cada uno sigue en su trinchera, aunque a la postre esa espera dependerá más bien del Gobierno, por más que cada uno vele por sus intereses económicos, que combaten contra la salud.

Igual que no tendría sentido ver un partido del Córdoba Patrimonio en un Vista Alegre vacío o del Ángel Ximénez desposeído de la caldera de su Legión Pontana en el Alcalde Miguel Salas, tampoco lo tendría que El Arcángel volviera a la competición sin el cordobesismo en su reino. Sin embargo, ésa es la única salida económica para el fútbol, que desde hace dos décadas además de un deporte es una empresa.

Todo empezó un 10 de marzo, cuando el dichoso Covid-19 obligaba a jugar a puerta cerrada. Ni siquiera un día pasó cuando el rival de esa semana de los blanquiverdes, el San Fernando, pocas horas después, solicitaba el aplazamiento del partido pensando en sus más fieles. Y cuando aquello parecía un brindis al sol, al día siguiente la Federación anunciaba el aplazamiento de las entonces dos próximas jornadas, y ya van cinco, más las que quedan. Me atrevería a decir que hasta las cinco restantes que completarían esas diez jornadas finales que lo deciden todo.

Desde entonces los acontecimientos se sucedieron. Primero llegó la cancelación de los entrenamientos grupales y luego empezaron a caer los manidos ERTEs, incluso ya auspiciados por la propia Liga para hacer más hostiles aún las relaciones con la AFE. A buen seguro, cuando la mayoría de clubes profesionales hayan tomado la medida o la rebaja de sueldos de sus futbolistas, el golpe será menor, e igual la cancelación de la temporada estará más cercana, por mucho que sigan negando la mayor.

Por eso aún nos quedan algunas semanas oyendo hablar del regreso del fútbol para el verano, pero la realidad es otra. La Real Sociedad pretendía volver a los entrenamientos en Zubieta, como lo harán los empleados de cualquier otro trabajo no esencial, pero el CSD les dio esta tarde con el Real Decreto del 14 de marzo en las narices. Con todo, igual ‘el bicho’ al que así apodó el gran Alfonso Reyes da otro giro de timón a la empresa futbolística de aquí al 1 de mayo, porque queda sayo sanitario para rato.

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